-¡Alondra está en Ciudad Ni! ―Marcos entró gritando a mi oficina. Me levanté de un brinco y tomé las llaves del auto. –¡Dame la dirección! ―Extendió el papel con una sonrisa y salí corriendo hacia el aeropuerto, así tuviera que tomar un vuelo comercial, tenía que salir en ese mismo momento. Pero nada se le escapaba a Marcos, él había ordenado que el jet estuviera preparado para cuando yo llegara, y aún así tuve que esperar 20 minutos. Llegué a media tarde a Ciudad Ni, estacioné el auto a unas cuadras de la dirección que me habían dado. Iba caminando, pensando: ¿qué le diría? ¿Cómo reaccionaría cuando me viera? ¿Estaría aún molesta? Y entonces la vi caminar del brazo de un hombre, sonriendo, haciendo que mi corazón se contrajera. ¡Maldición! ¿Había podido olvidarme tan rápido? ¿Alguien

