Ni siquiera respondí, tomé las llaves apresurado y salí de casa, arrancando el auto a gran velocidad. Abandoné el auto en la entrada de la casa de los Sifuentes, no me detuve a apagar el motor o a cerrar la puerta. Incluso entré directo al despacho de Ricardo. -¡¿Dónde está Alondra?! ―Le pregunté alterado a Ricardo, que estaba sentado detrás de su escritorio. Se terminó de un trago el licor del vaso que cargaba. ―¿Por qué se empeñan en hacerle daño a ésta familia? ―Preguntó con voz tranquila, pero toda su expresión corporal me hacía saber que estaba colérico. -Sólo quiero saber dónde está Alondra, necesito que me explique algunas cosas ― traté de escucharme sereno, aunque por dentro estaba que me llevaba el diablo. -¿Qué te dé explicaciones? ―Se puso de pie. ―¿Qué te explique por qué s

