Capítulo 8

1650 Palabras
Cuando pasó sus uñas por el escroto y los testículos de su hijastro fue cuando hubo una contracción en el eje de Nick, y vio la cabeza de Nick mirar hacia abajo para ver a su madrastra con sus labios envueltos alrededor de su polla. Solo pensar en él despertando con esa vista la excitaba muchísimo. Tarareó vibraciones en la punta de su pene, lo que provocó un gemido de los labios de Nick. Ella gimió a cambio. Si no tuviera su pene en la boca, estaría gimiendo el nombre de Nick. Quería que la oyera gritar su nombre mientras se corría. Joder. Quiero correrme solo de pensarlo. Ahora que Nick la miraba, se inclinó aún más hacia adelante, cogió sus enormes pechos y los presionó contra su m*****o. Apretando su polla entre ellos, apoyó todo el torso sobre él. Cuando algunos mechones sueltos de su cabello rubio le cayeron sobre la cara, Nick se los apartó con ternura y luego le recogió el cabello a un lado de la cabeza. Dios, lo deseo tanto ahora mismo. Entrecerrando los ojos, Maggie deslizó su pene más profundamente en su garganta y lo mantuvo allí. Tras un instante, se liberó, retirándose y sorbiendo su polla, respirando hondo antes de volver a hacerlo. —¡Uf!—, gimió Nick. Maggie se pellizcó los pezones con fuerza al sentir el familiar espasmo flexionarse en el fondo del m*****o de Nick al perder el control. Los chorros espesos y calientes de semen salieron disparados de la polla del hijastro de Maggie hacia el paladar de ella, goteando hacia su lengua y luego hacia su garganta. Se lo bebió todo, hasta el último sorbo, y emitió un suspiro zumbante al hacerlo. Cuando sintió que la rigidez de su m*****o se aflojaba, Maggie siguió chupando. Sorbió y chupó su m*****o hasta dejarlo flácido, haciendo gemir a su hijastro mientras lamía la punta. Finalmente, lo liberó y apartó los labios de su m*****o. Tras ponerse la camisa, Maggie cogió su cubo de hielo y salió de la habitación de Nick. Como si un sueño se hubiera hecho realidad para luego desaparecer de nuevo en la oscuridad. Maggie A la mañana siguiente, Maggie se despertó con los gritos de Jack en su celular. Se estremeció y parpadeó nerviosa hasta que se dio cuenta de que él estaba al otro lado de la habitación. Al parecer, su amigo en Michigan intentaba hacerse con la propiedad exclusiva de los gimnasios que había en Michigan y Jack no estaba de acuerdo. Dijo que viajaría a Michigan esa mañana para "terminar con esta amistad y acabar con Adam". Maggie había hecho la maleta la noche anterior y, al vestirse, se dio cuenta de que había guardado toda su ropa interior. Su traje de baño, ahora seco, estaba colgado en el baño, así que decidió ponérselo debajo de la camiseta y los pantalones cortos. El plan original era que los tres salieran juntos, pero Jack tenía una urgencia esta mañana, así que le dijo a Maggie que él y Nick tendrían que salir después de dejarlo en el aeropuerto. Nick salió de su habitación aturdido y medio dormido. Como la mayoría de los adolescentes, acababa de despertarse, se puso una camiseta sin mangas y pantalones cortos y bajó al coche. Jack estuvo todo el camino al aeropuerto con el teléfono puesto, gritando y maldiciendo a varios conocidos de Michigan. Su maleta de mano estaba tirada en el asiento del copiloto, sin pensar en su esposa ni en su hijo, así que ambos se sentaron en la parte trasera del vehículo. Apenas habían transcurrido unos minutos de su viaje de 20 minutos al aeropuerto cuando Maggie sintió una caricia sorprendente en el muslo. La mano de Nick frotó la parte interna del muslo de Maggie de arriba abajo, acercándose cada vez más a su entrepierna. La repentina audacia de su hijastro la tomó por sorpresa. Nerviosa, miró la nuca de su esposo, sentado frente a ella, y lo oyó gritar sin darse cuenta de las caricias de su hijo hacia su esposa. Maggie se inclinó hacia atrás y abrió un poco las piernas, lo que solo acercó la palma de Nick a su entrepierna. Sin pensarlo, su mano se dirigió al pecho cuando Nick rozó su clítoris a través de la tela de sus pantalones cortos. Frunció los labios mientras él rodeaba su sexo una y otra vez. El fuego y la euforia que sentía en el pecho estallaban. Sintió la humedad inundando su sexo mientras los dedos de su hijastro rodeaban su clítoris con la presión y el ritmo adecuados. Manteniendo los labios cerrados, Maggie cerró los ojos y apoyó la frente contra la cálida y soleada ventana. Al oír el aire entrar y salir por su nariz, tuvo que concentrarse en no gemir ni gritar como deseaba con tanta desesperación. Si mantengo los labios cerrados no puedo emitir ningún sonido. Era lo que esperaba, pero no fue así. Su respiración se entrecortó al sentir sus caderas contra Nick y se alzó con el toque de su hijo. Mirando por la ventana, bajo sus párpados, vio fugaces miradas de desconocidos que se detenían en los semáforos en rojo junto a ellos. Otros los adelantaron yendo en sentido contrario. Varios la miraron fijamente sin saber que su hijastro le estaba frotando el clítoris. Que esta vieja y sucia madre estaba a punto de correrse detrás de su marido por culpa de su hijastro. La sensación estaba tan cerca. Estaba justo ahí. Los labios de Maggie se separaron al aspirar aire, pero entonces se detuvo. La mano que una vez estuvo entre sus muslos había desaparecido y, antes de que pudiera comprender lo sucedido, el coche se detuvo. "SALIDAS", decía el cartel sobre el coche que habían aparcado a un lado de la carretera. Jack salió del coche con el móvil aún pegado a la oreja, cogió su maleta y entró al aeropuerto sin siquiera mirar a su mujer ni a su hijo en la parte trasera. . . . Nick ni siquiera se había salido de los carriles frente a la zona de salidas cuando sintió la mano de Maggie toqueteando a ciegas su entrepierna. Los pantalones cortos deportivos que llevaba no disimulaban su palpitante erección con solo su roce. Nick se detuvo en un aparcamiento y condujo hacia las plantas inferiores, más oscuras. Negándose a esperar a que su hijastro encontrara sitio para aparcar, Maggie ya le había bajado los calzoncillos y los pantalones cortos a Nick por debajo de los testículos y le acariciaba el m*****o hinchado. Lo que realmente sorprendió a Nick fue que, cuando estaban cerca del nivel más bajo, Maggie lo miró con una sonrisa maliciosa y se quitó la camisa, dejando al descubierto el traje de baño de una pieza que había comprado el día anterior. Desatando la tira de su cuello, Nick encontró rápidamente un lugar para estacionar entre dos camionetas de trabajo en el rincón oscuro del estacionamiento del aeropuerto. Al detenerlo, vio caer la blusa que cubría los pechos de su madrastra y cómo sus pechos, redondos y fuertes, se estremecían ante él. Con la mano aún bombeando su m*****o, Maggie sonrió al bajar sus labios para rodearlo, pero Nick los interceptó y los subió para encontrarse con los suyos. Saboreando sus labios, Nick introdujo la lengua en la boca de su madre y oyó su arrullo y un gemido placentero. Una mano le acarició la nuca por debajo del pelo y la jaló hacia su asiento mientras la otra se deslizaba hacia su pecho. Maggie estaba medio arrodillada, medio sentada ante su hijo, entre los asientos de la camioneta. Su mano derecha bombeaba vigorosamente sobre el m*****o de su hijastro. Sintiéndolo flexionarse en su palma. Sintiendo el líquido preseminal en la punta de su pene cuando ella lo acariciaba demasiado arriba. La mano de Nick palmeó su pecho gordo, apretándolo y presionándolo contra su pecho. Su pezón, largo y duro, estaba erecto en la membrana que unía su mano con el pulgar y el índice. Cuando gimió en su boca, lamiéndole el paladar, deslizó la mano hacia atrás, pellizcando su pezón con el pulgar y el índice. —¡Mmmahhh ah!— gimió Maggie mientras besaba a Nick con más fuerza y profundidad. Su mano desapareció de su pene brevemente mientras se acomodaba. La mano de Maggie cayó sobre la enorme mano de Nick y la guió hacia abajo, entre sus muslos. Los pantalones cortos que llevaba ya no estaban. Su mano ya estaba tirando de la tela elástica de su traje de baño hacia un lado que cubría su entrepierna. Los dedos de Nick rodearon sus labios sueltos y húmedos mientras su dedo corazón se adentraba cada vez más en ella. —¡Mmm mmmm mmm!—, gritó Maggie dentro de la boca de Nick mientras él la penetraba más profundamente. Su coño caliente y húmedo se aferraba a su dedo con cada penetración. Nick le mordió el labio mientras la penetraba con firmeza y rapidez. —Oh, Dios mío... ohhhh...—, gimió Maggie al romper el beso. Cerró los ojos y echó la cabeza lentamente hacia atrás mientras Nick metía y sacaba el dedo. —¡Ooohhhh, Dios! La palma de Nick le golpeaba los labios vaginales y el clítoris mientras la penetraba con los dedos. Los jugos resbaladizos rezumaban de su v****a, cubriendo su palma. Ella le clavó las uñas en la nuca mientras acercaba la cara a sus bíceps. Sus músculos flexionados acallaron sus gritos cuando Nick sintió que sus suaves y gruesos muslos amenazaban con cerrarse sobre su mano. —¡Me corro!—, gritó como si la estuvieran torturando, y Nick presionó hacia adelante, metiendo y sacando los dedos del coño de su madrastra mientras su cuerpo se tensaba y sus pechos rebotaban hasta que se desplomó, completamente relajada, sobre el brazo de su hijastro.
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