Capítulo 2

1513 Palabras
Maggie no quería pensar en que Nick había sido su hijastro durante más de cuatro años. No quería saber que le doblaba la edad, ni recordar que en algún lugar tenía una hija que estaba en la universidad y era dos años mayor que Nick. Pensar significaría recordar la pelea que acababa de tener con el padre de Nick, y no podía soportarlo, y lo más importante, significaría que esa increíble sensación tendría que terminar. La mano de Maggie se extendió por detrás de ella y rodeó el grueso músculo del muslo desnudo de Nick. Sosteniéndolo contra su trasero, sintió su m*****o abultado empujar y rozar su coño cada vez más húmedo. Se dio cuenta de lo depravada y desesperada que estaba en ese momento y en la vida. La mano de Nick se deslizó arriba y abajo por su pecho, haciendo círculos y apretando la carne. —Ohhhmmm...— Maggie dejó escapar las palabras. Sus pezones, siempre erectos, le dolían con el roce de su mano. La punta encontró cada surco entre sus dedos hasta que, finalmente, el pulgar y el índice la apretaron, obligándola a presionar su trasero contra su regazo. —Ahhh... oh, hmm... Después de lo que Maggie sintió como una eternidad, dejó de acariciarle los pezones y los pechos, manteniéndola en un estado de éxtasis desenfrenado. La mano de Nick se deslizó lentamente por la parte delantera de su camiseta. Ella hizo una mueca cuando la mano de él rozó su vientre. Maggie hizo una mueca, pero contuvo la respiración para que Nick no se diera cuenta. Al sentir sus dedos cerca de su sexo, Maggie abrió sus muslos para su hijastro. Ahora lo dominaba el instinto; su mente era un laberinto de placer, y estaba perdida en él, sin buscar la salida. Cuando sus dedos se deslizaron bajo la banda elástica de su pijama, Nick pareció dudar mientras su mano rozaba los cortos mechones de su vello recortado. Como una adolescente malcriada, Maggie gimió, no soportando la pausa, y presionó su mano más abajo en sus pantalones. —Mmmmmmm... Inmediatamente, sintió su grueso dedo presionando los labios de su v****a. Maggie se quedó boquiabierta y se quedó sin aliento al sentir a su hijastro penetrarla. Su grueso dedo se deslizó con facilidad dentro y fuera de su v****a. Nick jadeó a lo largo de su nuca mientras Maggie giraba la cabeza para que su cabello rubio no se le pegara en la cara. El dedo de Nick bombeaba sus labios vaginales con embestidas lentas y profundas, insoportables. —¡Oh!—, gimió Maggie y volvió a guardar silencio, conteniendo la respiración. Tenía los labios tan húmedos que podía oír el chapoteo de sus fluidos mientras él aumentaba el ritmo. Sus pantalones de pijama se habían deslizado fuera de su trasero con todo el alboroto y Maggie podía sentir el m*****o de su hijastro, a través de sus calzoncillos estirados, frotándose entre sus nalgas. Como la mayoría de las madres y mujeres casadas de 42 años, nunca había tenido sexo anal, pero cuanto más la apretaba su m*****o, más excitación sentía crecer en la base de su garganta. —Dios mío, Dios mío—, Maggie se llevó el dorso de la mano a los labios mientras la excitación aumentaba. Estaba tan cerca que quería correrse. Necesitaba el orgasmo. La liberación. Quería que terminara, pero al mismo tiempo, quería que nunca terminara. La palma de Nick golpeó su coño. Su dedo la penetraba, haciéndola temblar por completo. Sus pechos se movían bajo su camiseta blanca del Zoológico de Atlanta. —Ohhhh—, gimió Maggie bastante fuerte. Luego, aún más fuerte, —¡Ohh Dios! ¡Oh nooo! ¡Oh! ¡Oh! ¡Ahhh! Gritó al apretarse los muslos, y la poderosa sacudida del orgasmo la golpeó. La palma de Nick se cerró entre sus muslos gruesos, cálidos y húmedos, ahuecando los labios de su v****a mientras la sujetaba, apretada contra su regazo. Lentamente, la mano firme de Nick se deslizó entre sus tiernos muslos. Maggie emitió un agudo arrullo mientras intentaba recuperar el aliento. No puedo creer que esto haya pasado. ¡Joder! ¿Qué he hecho? Acabo de meterle el dedo a mi madrastra. ¡Mi papá me va a matar! Está en la habitación de al lado. ¿Y si la oyó? ¿Y si se lo dice? Nick sacó la palma de la mano de entre sus muslos y sintió el aire fresco rozar su palma y dedos húmedos. El silencio de la habitación los invadió, pues el único sonido que se oía era el del aire acondicionado que salía de la habitación, junto a la puerta del hotel, bajo la ventana. Justo afuera de esa puerta se sentía la humedad intensa de Panama City Beach. Nick estaba de visita en casa después de la universidad, pasando unas semanas ese verano. Una promesa que le hizo a su padre antes de los exámenes finales, de lo contrario, nunca habría salido del campus de la MSU. La casa a la que él y sus amigos se acababan de mudar era increíble, y le encantaba pasar tiempo con sus nuevos compañeros de piso, pero su padre organizó estas vacaciones para endulzar el trato. Nick odiaba el calor del sur, por eso dejó su hogar en Atlanta para ir a la universidad en Michigan. Hizo una excepción con el calor: siempre que hubiera una piscina o una playa, podía zambullirse en el agua cuando se volviera demasiado. Ese era el atractivo de estas vacaciones familiares en Florida. Durante todo el viaje de cinco horas a Panama City, Nick tuvo que escuchar a su padre presumir de Terrence, su joven promesa. —Tienes que esforzarte si quieres competir con Terrence, Nick—, había dicho su padre. —Te digo, la definición que tiene... Bueno, no es como la que tenía yo en mi mejor momento, pero se le acerca bastante. Su padre era un tipo risueño. Le encantaba reírse a carcajadas, luego darle una palmada en el trasero a quien estuviera cerca y repetir alguna frase repetida sobre no esforzarse lo suficiente o "relájate". La madrastra de Nick lo animaba, por supuesto. Parecía que le encantaba escuchar a su padre hablar, y eso funcionaba porque a su padre definitivamente le encantaba hablar. Quizás haber crecido con su padre hizo de Nick un alma tan tranquila. Decidió escuchar en lugar de ser el más ruidoso de la habitación. Fue la escucha de Nick lo que lo llevó a esta posición, con la mano aún húmeda por los jugos de su madrastra. Después de un largo día conduciendo, Nick se había ido a dormir a su habitación de hotel mientras su padre y Maggie se retiraban a la suya. Había pasado solo una o dos horas cuando Nick dormitaba lentamente bajo las sábanas rígidas de su cama, escuchando el zumbido del aire acondicionado, cuando oyó los gemidos apagados de un animal herido. Nick frunció el ceño. Estamos en el tercer piso de la playa. ¿Qué animal podría oír desde aquí? Para cuando Nick se quitó las hojas de lija de encima y se puso de pie, supo que no era un animal. Afuera de la puerta de Nick, en el pasillo de hormigón rugoso con vistas a la playa, estaba su madrastra, Maggie. Se cubría la cara con las manos mientras intentaba contener el llanto. —¿Maggie?—, preguntó Nick. Ella bajó las manos y se quedó sin aliento. Como si la hubieran declarado culpable de algún delito. —¿Estás bien? —Oh, eh... sí, lo siento—, se disculpó Maggie en cuanto terminó de limpiarse las lágrimas y se enderezó. Nick echó el pestillo de la puerta para que no se cerrara tras él al salir. —N-no es nada, solo fue una pelea estúpida. Instintivamente, Nick se acercó a ella y le frotó la espalda con una mano enorme. Maggie volvió a llorar de inmediato, acurrucándose en el pecho de Nick para ocultar sus lágrimas. No fue hasta que sintió las mejillas húmedas de su madrastra contra su pecho que se dio cuenta de que estaba allí afuera, solo con sus calzoncillos puestos. Nick le frotó la espalda suavemente mientras ella se acurrucaba contra su pecho y abdomen musculosos. Se sentía extraño consolando a su madrastra mientras lloraba. Nunca antes lo había hecho y nunca la había visto llorar, ahora que lo pensaba. Me pregunto por qué habrían estado peleando. Escuché a mi padre gritar brevemente cuando estaba en la preparatoria, pero nada que pudiera causar esto. Nick contempló el océano n***o y oyó el rugido de las olas mientras las crestas blancas aparecían antes de estrellarse. Al cabo de un momento, Maggie se enderezó y debió de ver la curiosa perplejidad en los ojos de Nick. —¿Te importa si no hablamos de ello?—, preguntó Maggie. —Claro —dijo Nick, sintiendo la humedad adherirse a su cuerpo hasta que se le formaron gotas de sudor en la nuca—. ¿Quieres entrar a mi habitación?
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