El cielo apenas clareaba cuando Bernadette salió de su habitación. No había dormido más de unas pocas horas, pero se sentía impulsada por algo más fuerte que el cansancio: la determinación. Tomó el dinero que había reservado con cuidado, restos de lo que su padre le había dado tiempo atrás para las deudas que estaban cubriendo, que Silas dejó atrás, y lo guardó en un pequeño bolso. Vestida con sobriedad y con una capa gris que cubría su figura, bajó al vestíbulo donde Claire ya la esperaba, alerta, con un abrigo puesto y los ojos llenos de incertidumbre. Aquello era riesgoso, una carta difícil de jugar, pero si daba tiempo para que Silas o Marcel actuaran, entonces no se llevaría a cabo. Con la carta enviada, tenía poco tiempo para hacer las gestiones. Sin mediar palabra, Claire asintió

