Silas siempre había creído que las alianzas más provechosas no se forjaban con palabras bonitas, sino con bienes tangibles. Ahora, con el título de conde en su poder, estaba decidido a usar cada recurso heredado para reforzar su posición. Entre los bienes más codiciados se encontraban unas tierras fértiles en la frontera sur de la región, heredadas junto con el título, que hasta el momento habían permanecido sin explotar. No eran solo valiosas por sus cultivos, sino por la posición estratégica que ofrecían a quienes quisieran expandir sus rutas comerciales. Quienes las deseaban no eran cualquiera: la familia de Louis de Brévant, un hombre con poder en la política local, antiguo aliado de su tío en ciertas negociaciones. Louis tenía ambiciones de aumentar su influencia territorial y, s

