Por suerte no tuvo que esperar demasiado. Un par de minutos después entró un hombre alto, de mentón firme, frente prominente, con ojos oscuros y pómulos marcados. Vestía un traje formal con un corte azul y debajo se adivinaba un cuerpo musculoso. Pese a su tamaño y contextura, caminaba con gracia y soltura hacia ellos. Sin detenerse, saludó con un elegante gesto de su mano a los hombres en la barra, y ellos le respondieron con un saludo mucho más formal que el que habían intercambiado con Nathan. Aquel hombre se acercaba sonriendo amablemente. Era la sonrisa de un político acostumbrado a lidiar con desconocidos.
Al llegar les estrechó la mano mientras se presentaba. A Nathan le sonrió sin mucha ceremonia.
⸻Un placer conocerlos, soy John ⸻dijo sin dejar de sonreír y se acomodó en una butaca cruzando los pies.
⸻¿John qué? ⸻preguntó Ryan.
⸻Lo siento, aquí solo decimos nuestro primer nombre ⸻respondió con la misma amabilidad.
Ryan y Richard intercambiaron una mirada.
⸻En ese caso yo soy Ryan y él es Richard.
⸻Ya lo van entendiendo ⸻se recostó en su asiento⸻. Pero en el caso de ustedes es algo inútil. Tú eres Ryan Mayz, arquitecto, te fuiste hace diez años y llegaste hace unas semanas para velar a tu amigo fallecido. Y tú eres Richard Duque, nuestro querido fiscal. Tu madre falleció de cáncer. Lo siento mucho. Has hecho un gran trabajo para la ciudad.
Durante un minuto reinó el silencio. Ryan tuvo que reiniciar su cerebro y Richard apretó tanto los puños que sus nudillos enrojecieron.
⸻No mencione a mi madre.
⸻¡Oh, mis disculpas! No quise ofender. Sólo quería darles a entender que sé quiénes son y porque están aquí. Me alegra que hayan venido sin el policía revoltoso de Samuel Mcfly y el otro chico, ¿cómo se llamaba?
⸻David, papá ⸻respondió Nathan.
⸻Gracias, hijo. Me ha dicho Nathan que quieren información sobre los Kairos.
Ryan respiró profundo. Todo era tan repentino. Tan directo. Tan irreal.
⸻¿Sabe algo sobre ellos?
⸻Yo los dirijo.
Lo dijo con calma, con cordialidad, con tranquilidad. Como cualquier otra persona hubiese dicho que pertenece a un club de lectura. Como si un hombre viniera y te dijera que el viernes pasado se compró una podadora nueva. Un par de tijeras o algo así. Como si no fuese gran cosa. Como si no fuera importante. Pero mostrando su talento como político, sus ojos decían algo muy distinto a sus labios. Observaban atentamente a Ryan y a Richard. No se perdía nada. Ningún gesto, ninguna de sus reacciones. Ojos veloces como el parpadeo de un relámpago. Cruzó las manos sobre las rodillas y lo vio levantando la barbilla, extrayendo conclusiones sobre sus dos visitantes. Pero ellos, simples mortales, no se recuperaban del impacto. En el fondo de sus pensamientos fueron hasta allá manteniendo la posibilidad de una farsa. Nathan se descubriría como otro simple joven idiota que juega a la importancia. El mundo sería un poquito más normal. En vez de eso se topaban con un hombre de unos cuarenta años que anuncia ser el dirigente de una organización que no debería existir y que, en el caso de Ryan, no conocía hace veinticuatro horas.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay dios! Esa era una canción, creo.
⸻Cuando usted dice los Kairo, se refiere a…
Fue interrumpido por un golpe abrupto y el sonido de porcelana quebrándose. El hombre que había estado bebiendo café cayó al suelo delante de él. Se sujetaba el cuello con ojos inyectados en sangre, agitando las piernas con desenfreno. Lanzaba alaridos en busca de aire y no apartaba la mirada de John, en sus ojos se veían rastros de súplica. Su piel, lentamente, comenzaba a ponerse morada.
Ryan se puso de pie de golpe, pero el hombre ante él lo detuvo.
⸻Por favor, no intervenga.
⸻¿Disculpe?
⸻No se acerque al hombre en el suelo, por favor.
Ryan lo miró a él y luego al pobre desgraciado.
⸻Por favor ⸻repitió John con un tono que no aceptaba respuesta.
El arquitecto se sentó lentamente intentando no mirar a aquel que se asfixiaba. Sus quejidos inundaban toda la sala.
⸻Los Karios ⸻continuó John⸻. Una organización, un club, como nos quiera decir. Un grupo de hombres anónimos con actividades específicas.
⸻“Actividades específicas” ⸻repitió Ryan en voz baja.
⸻Así es, señor.
⸻Matar personas.
⸻Entre otras cosas.
Esa naturalidad, esa enferma naturalidad con la que decía las cosas…
⸻Ustedes son un grupo de sicarios.
Ryan era el único que hablaba. Richard seguía con la mirada fija en el hombre del suelo.
⸻Yo no diría que sicarios, señor.
⸻¿Ah no? ¿Y qué diría usted, señor? ⸻remarcó el “señor” vocalizando exageradamente. Una alarma estalló en su cabeza. No te metas con alguien más grande que tú, le dijo Mcfly en su mente.
⸻Me gustaría poder darles más detalles, pero me temo que solo se los damos a nuestros miembros.
⸻¿Sus miembros? Habla como si fuesen un club.
⸻Podría decirse que sí. Somos un grupo de personas, mucho más extenso del que puede imaginar, que participamos en ciertas actividades específicas.
⸻¡A la mierda con sus “actividades específicas”! ¡Es asesinato!
Los espavientos del desconocido empezaban a hacerse mas lentos y menos prolongados. Un hilillo de sangre le sobresalía entre los labios. En aquella sala, ni el bartender, ni los ocupantes, ni el sujeto con anteojos le prestaba la más mínima atención.
⸻Papá, ¿podríamos hacer una excepción con ellos? Sólo buscan información sobre Hernán, ¿lo recuerdas?
⸻Hernán ⸻“John” (si es que así se llamaba) adoptó una expresión pensativa⸻. Claro, Hernán, un Savelli.
⸻Ellos solo quieren saber sobre su muerte, nada más.
John se giró hacia Ryan.
⸻Ustedes lo mataron.
⸻La verdad es que no puedo desmentirte ni confirmarte eso.
⸻¿¡Cómo puedes decir semejante cosa!?
⸻Cálmese, amigo –John le puso una mano en el hombro a Ryan. Un gesto que a primera vista se ve tranquilizador, pero Ryan notó la realidad. Esa mano, esos dedos eran exageradamente pesados. Debían poseer una fuerza extraordinaria. Sintió la presión en los músculos del hombro y su mirada se topó directo con los ojos de aquel hombre. No había en ellos calidez ni amabilidad, a pesar de que mantenía la sonrisa. Solo había peligro. Si ese hombre te dice que te calmes, tú te callas y lo haces⸻. Estoy más al tanto de su situación de lo que cree. Sé que están buscando la verdad sobre la muerte de Hernán, pero las reglas de los Kairos me impiden hablarle de las relaciones que tenía él con nosotros.
Ryan se quedó de piedra. John no se había dado cuenta.
⸻Él… Hernán… Él no tenía relación con ustedes, ¿verdad?
Ryan leyó la respuesta en los ojos del Kairo.
⸻Hernán no sería un Kario, él no mataría a nadie. Él no es como usted. Nunca lo haría.
John no respondía. Lo miraba con lastima. Ryan notaba como su desesperación iba en aumento. La ira se le acumulaba.
¿Estaba aceptando tan rápido la idea de los Kairos? Tal vez
¿Aceptar la idea de Hernán asesinando a alguien? Jamás.
⸻Papá, ¿no podemos decirles nada?
John pareció cavilarlo unos segundos y habló.
⸻Está bien, Ryan. No te puedo dar información sobre Hernán y nuestra relación. Pero te puedo dar información general sobre nosotros, los Kairos.
⸻¿Quién demonio son ustedes? ⸻preguntó Ryan intentado serenarse. La imagen de un Hernán convertido en asesino lo perturbaba. Hay leyes de la naturaleza que no se rompen; Hernán asesinando es una de ellas.
⸻Somos una organización que se encarga de generar conflictos en ambientes controlados para que los participantes puedan confrontarse entre ellos.
⸻En otras palabras, ⸻agregó Nathan⸻ arreglamos combates parecidos a los del antiguo coliseo romano, solo que a mayor escala y con mayor organización. Aquí no ponemos a hombres desnudos a matarse a palos. Proveemos armas y contexto para que se puedan matar como quieran.
⸻Organizan cacerías. ⸻Ryan estaba en shock. Una cosa era escucharlo de boca de Samuel Mcfly y otra muy distinta era…
⸻No cacerías. Aquí no hay presa y cazador ⸻explicó John⸻. Nos aseguramos de que todos los participantes tengan las mismas probabilidades. Dependen totalmente de su habilidad. Además, hay reglas. No lastimamos a inocentes. Si alguno de los hombres perjudica a un hombre inocente que no pertenezca a los Kairos, es severamente castigado.
⸻¿Cómo lo castigan? ⸻preguntó Ryan intuyendo la respuesta.
⸻Ejecución inmediata y compensación anónima a los familiares del inocente ⸻respondió Nathan.
Intuición confirmada.
⸻Sí uno de nuestros miembros comete un crimen por su propia cuenta, no le hacemos nada. Pero si lo hace mientras se está llevando a cabo un evento de los Kairos, debe atenerse a las consecuencias. Tampoco se puede hablar o atentar contra la organización, o contra otro m*****o de la misma si este atentado guarda relación con los Kairos.
⸻Y el castigo siempre será…
⸻La ejecución inmediata.
⸻No puedo creer que haya gente que pertenezca a esto.
⸻No obligamos a nadie ⸻dijo John con dignidad⸻. Solo puede entrar quien realmente lo desee. Debe aceptar las condiciones.
⸻¿Condiciones?
⸻Esas que te acabo de mencionar junto con otras que solo pueden ser reveladas a miembros.
⸻¿Cómo se hace uno m*****o? ¿Se llena un formulario y se paga la inscripción?
⸻Esto es gratis, no se paga. Como dije antes, entra quien quiera y acepte las condiciones. Para hacerlo hay que firmar un cuaderno y…
⸻¡Entraré! ⸻Richard se giró a verlo de golpe. Ryan continuó decidido⸻. Sí entrar es lo que hace falta para que me revelen información sobre Hernán, tráiganme ese maldito cuaderno, lo firmaré y podrán decirme todo. Juraré nunca hablar sobre ustedes.
⸻No es tan fácil. ⸻comentó Nathan, entre divertido y apenado⸻. Hay otra condición.
⸻Debes participar en un evento de los Kairos y salir victorioso –concluyó John.
⸻¿Victorioso? ⸻segunda intuición.
⸻Debes asesinar a alguien.
Segunda intuición cumplida.
El mundo se le vino encima. No podría. No podía. No quería. Asesinar a alguien, terminar con su vida. La imagen se obstruía si se imaginaba ante un hombre disparándole a sangre fría. Simplemente no podría. Perdón, Hernán, de verdad. Pero eso es demasiado. Demasiado para él. Demasiado para cualquiera. ¿Cómo podría estar dispuesto a hacerlo? ¿Hernán lo estaría? ¿Lo haría por él? ¿Por saber cuál fue su destino? No, imposible. Dispararle a un hombre, asesinarlo. Algo tan fácil en películas. Tan cotidiano en fotogramas que observamos a diario, pero no por ello pierde su horror cuando se presenta como opción ante un hombre que jamás lo ha pensado para sí.
⸻No lo haré.
John se encogió de hombros sin darle más importancia.
⸻Entonces creo que ya no tenemos más nada de qué hablar.
⸻¡No pueden irse así! ⸻Ryan hizo el ademan de agarrar al hombre por su traje, pero algo lo detuvo. Algo en la mirada de él⸻. Tienen que decirme más sobre Hernán y de su muerte.
⸻Lo siento ⸻contestó John, con toda la diplomacia del mundo⸻. Las reglas son las reglas.
⸻Las reglas impiden que se asesinen personas y ustedes lo hacen.
El hombre lo miró en silencio unos segundos antes de contestar. Respiró profundamente de un modo casi imperceptible. Sus ojos centellearon.
⸻Ya se lo dije, no puedo decir nada. Así que si me disculpa…
⸻Entonces… ⸻John estaba poniéndose de pie y se detuvo. Ryan estaba dispuesto a tirar la casa por la ventana⸻. No voy a dejar esto así. Voy a denunciarlos. Destaparé al público todo este juego de los Kairos. Él es fiscal ⸻señaló a Richard, quien lo observaba sin expresión alguna⸻. Con su ayuda terminaremos con esto y más de uno irá preso.
No esperaba que esas palabras asustaran a John. Como máximo imaginó que se sorprendería y mostraría una mínima preocupación. Creyó que John se molestaría y él podría hacerlo enojar lo suficiente para que soltara palabra. Si todos los hombres se parecen en algo, es en el maravilloso defecto de hablar más de la cuenta cuando están enojados. Pero lo que nunca sospechó es que John se reiría. Una sonrisa burlona y muy poco diplomática nació en sus labios. Ryan supo que no fingía por sus ojos, brillando de hilaridad. Se sentó tranquilamente, como quien se arrepiente de irse y regresar para tomarse un par de copas con sus amigos. Los sentidos de Ryan le gritaron alerta.
⸻¿Me está amenazando, señor Mayz?
⸻Sí es necesario.
Richard ahora lo miraba con una extrema seriedad, con las manos entrelazadas en un fuerte puño por encima de las rodillas. Se inclinaba hacia adelante con la cabeza inclinada hacia abajo. Nadie podría haber dicho en que pensaba.
Y casi nadie tampoco podría haber dicho en que pensaba Ryan al hacer semejante locura.
⸻¿Ve a aquel hombre? ⸻dijo John sin perder la sonrisa, señalando al c*****r del desconocido.
Ryan se giró para verlo. Estaba muy pálido. Mortalmente quieto.
⸻Él sufría una depresión muy severa. Su esposa e hija habían sido asesinadas y violadas. El pobre hombre perdió las ganas de vivir. Se unió a nosotros esperando que alguien lo asesinara, pero salió victorioso más de una vez. Luego comenzó a ver a un terapeuta que lo ayudó bastante; lo sacó del agujero donde estaba. Y ahora él se arrepintió de haberse unido a nosotros. No hay problema con eso, pudo haberse retirado sin decir nada. Aquí nadie es obligado a participar. Pero nuestro amigo quiso ir más allá y aceptó una entrevista con un periodista para hablar sobre los Kairos. La entrevista iba a ser esta tarde.
John chasqueo los dedos y a los pocos segundos dos vigilantes entraron en la sala cargando sendas bolsas de basura.
Sin dudar ser acercaron al c*****r, lo rodearon y entre los dos lo introdujeron en la bolsa. Uno de ellos se llevó el cuerpo arrastrándolo mientras el otro limpiaba la sangre del piso con un pañuelo antes de irse.
Una sensación de sequedad se apoderó de la garganta de Ryan