El joven la depositó sobre la cama, y comenzó a abrirle las piernas, mostrándole aquella su hermosa panocha. Ella observó el enorme falo que blandía entre las piernas su cuñado, percantandose de su enorme dimensión: no solo era enorme, sino mucho más larga que la de su hermano, y sobre todo bien gruesa. Descubrió las inflamadas vendas que rodeaban la misma y un estremecimiento recorrió su cuerpo. En cierto sentido sintió pánico, y excitación al mismo tiempo. Aquella tranca era enorme. Ya la había sentido una vez, pero ahora parecía ser mayor. Berto recogió su pantalón y extrajo uno de los condones que había comprado, y se dispuso a colocárselo en su v***a. Lucrecia se quedó nerviosa. ¡No era la esperado, ella necesitaba que la follara a pelo!. No obstante, lo dejó, con la intención de so

