Tras los primeros pases, ella se fijó que el joven la apretaba contra él. Y pronto se dio cuenta de que el mismo estaba empalmado. Aquello la puso bastante nerviosa, pero al ver que había tanta gente no quiso montar un número, y en principio se lo permitió. Sin querer la misma, comenzó a sentirse excitada al roce de su cuerpo con la daga del joven. ¡aquel joven era un descarado! Pero en el fondo le estaba agradando. El que un joven como Berto se interesara por ella, era algo que no llegaba comprender, pero en el fondo le agradaba. Berto le decía cosas bonitas al oído, y eso encandiló a la mujer. La misma miraba por si alguien se estaba ocupando de ellos, viendo que su esposo estaba entretenido con otros, ya bastante ebrios. Ella le dijo al oído: ¡eres un atrevido! ¿cómo se te ocurre poner

