Sin mayor comentario, acerqué mi v***a al contacto con sus labios vaginales. Tomé el falo en mi mano, y lo restregué previamente por toda la raja, embadurnando el glande. Mi pene se había descapullado ante mi gran erección. Consideré adecuado lubricar bien mi falo con los jugos de la propia joven, antes de iniciar la penetración. Percibí el calor del coñito de la joven al contacto con mi glande, y eso me agitó. Necesitaba entrar en aquella cuevita cuanto antes. Tomé impulso, y arremetí con dureza, viendo como mi falo se incrustó, casi forzadamente, más de la mitad del mismo. ¡Había invadido la estrecha v****a de la joven! Realmente la misma era bastante estrecha. De hecho, hasta comenzó a dolerme el pene ante la gran fricción que ejercían las paredes vaginales. Vanesa, no pudo soportar el

