¡Dios! ¡Tu trasero es increíble! —gimió Duane, masajeando y acariciando mis nalgas con sus dedos mientras yo dejaba escapar un suave gemido. Sus dedos se clavaron en mi suave piel, haciéndome gemir y retorcerme mientras me sentaba a horcajadas sobre su regazo—. ¡Podría jugar con ese trasero suave y sexy todo el día! Sus palabras crudas contrastaban marcadamente con las de mi Tom, quien jamás se le ocurriría hablarme así. Tom me trataba con el respeto y el cariño que merecía. Pero, por alguna razón, no podía negar que algo en la forma en que Duane me decía esas cosas tan desagradables me resultaba increíblemente sexy. "Eres un pervertido...", gemí al ceder finalmente y dejar que siguiera tocándome. "Para... Deja de hablar así". Duane rompió el beso y se recostó para admirar mi rostro son

