Entonces, cuando llegó el sábado y, como de costumbre, mis hermanos entraron corriendo a la casa dejándome sola con papá en la puerta, le di mi sonrisa más linda e inocente, mientras él me miraba con esos ojos hambrientos. "¡Hola papá, te extrañé muchísimo! ¿Cómo estás?", dije mientras me acercaba a él saltando y me ponía de puntillas, apretando mis labios contra su mejilla y dándole un beso suave. "Estoy... estoy bien." Mi papá tartamudeó mientras miraba de reojo hacia la cocina, donde mi hermano había desaparecido, antes de volverse y mirarme con una sonrisa tímida. Cerró la puerta tras de mí mientras sus manos recorrían mi espalda, apretándome el trasero. "Yo también te extrañé." Me mordí el labio para contener una pequeña risita ante sus palabras, pero en lugar de eso, me incliné y

