El hombre de la casa ,57-3

607 Palabras

Pero no era momento de comer, tenía que ponerme a prueba y demostrarme que no era un bato meco que se venía en segundos. Mi v***a se frotó en los labios hinchados de esa raja, era como un hotdog al que los bollos le quedaban chicos. Sus piernas temblaban cada que frotaba su clítoris o bajaba a la entrada de su ano, quería que me rogara. —¡Bueno, ya! —dijo al poco rato con el rostro al rojo vivo—. Ya deja de hacerte el tonto y métemela. —¿Dónde? Dime dónde la quieres. —¡Ya sabes dónde! —bufó, estaba perdiendo el control y parecía tener los ojos inyectados con ira. —¿Quieres que te la meta? —sabía que podía provocarla un poquito más. —¡Luís! ¡Por Dios! ¡Ya! —chilló— ¡Métemela! —¿Qué? ¿Qué quieres que te meta? —¡Métela de una buena vez! O si no… —Sólo dime qué quieres que te meta, mam

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