—¿Entonces? ¿Todavía vas a usar ropa en frente de Julia? —Todavía no lo sé —canturreó al tiempo que clavaba en mi v***a, que estaba empezando a cobrar vida propia gracias a su mano—. No es que me dé comezón andar vestida, como a ustedes dos. Se acercó más y me besó, primero en la mejilla y después en la boca. Pese a que nuestras lenguas no solían unirse cuando nuestros labios se unían, lo disfrutaba mucho y me ayudaban a calentar motores. Mis dos manos estaban estrujando, pellizcando y amasando aquellos pechos y sus pezones prietos, erectos. Ella resoplaba y gemía suavemente, incluso cuando mi tacto era más agresivo, era evidente que el gusto por el trato rudo era cosa de familia… me preguntaba si en ese caso… —¿Y si me das un masaje? —dijo empujándome suavemente sin soltar mi rifle— Tu

