Mi vida seguía cambiando. Por un lado las clases de masaje, me resultaron más aburridas que otra cosa; estar de vuelta en un aula y con compañeros que me daban igual no era algo particularmente emocionante para mí. Lo bueno era que sólo eran dos veces a la semana. Por otro lado, Tere. Por mensaje era todo exactamente igual, pero la segunda vez que nos vimos tras la clase de masajes era como si fuéramos amigos de toda la vida. No era como que dejara pasar la oportunidad de provocarme y soltar una que otro comentario subido de tono, sobre todo cuando había alguien que nos pudiera escuchar; pero en sí, conversar con ella era realmente agradable. Me contaba de su trabajo, de sus gustos, sus viajes, etc. El tiempo voló, teníamos gustos distintos en casi todo, pero era refrescante platicar y co

