Mamá se había llevado la mano a la boca y se giró para ver que tenía a Tere a sus espaldas, sonriéndole con malicia. La morena se había puesto de pie y con un movimiento rápido coló su mano entre las nalgas de su amiga, sus muslos gruesos no me dejaron ver más que algo que se sumía en su entrepierna. —¿Eh? —dijo destapándose la boca y atendiendo el teléfono—. No, nada. Perdón, es que me levanté de la cama y… ¡AY! —Tere volvió a hacer de las suyas—. ¡No! No pasa nada, descuida. Creo que mejor me acuesto otra vez. Y así lo hizo. Se recostó y me sorprendió verla abrirse de piernas mientras continuaba dando las indicaciones a Mónica, con el antebrazo sobre su frente y la mirada perdida en el techo. Miré a Tere, le hice un gesto con la mirada y ella se acomodó para tener esa rajita al alcance

