El hombre de la casa 82-2

944 Palabras

—No. No la hipnoticé —fue lo primero que se me ocurrió decir—, no de verdad. Pude ver a mamá mirar en mi dirección de reojo, pero no quise apartar mis ojos de Julia. Comencé a sobar la palma de mi hermanita, necesitaría refuerzos para continuar con la improvisación. —¿Cómo? —preguntó Julia, sorprendida. —No la hipnoticé de verdad —dije, con una sonrisa que me estaba costando esbozar. —¡Ay! ¿Cómo no? —exclamó Sandra. Nadie nos dimos cuenta de ello, pero ya habían pasado las 12 de la noche y “el hechizo” se había acabado. —Mamá, sólo fingí que lo hacía —le dije con obviedad—. Estuviste despierta todo el rato. —Sí, pero aun así… hubo una vez que… —Paró en seco, no se animaba a revelar que se había venido porque yo se lo ordené—. Pero sí me hipnotizaste, yo… obedecí… y cuando lo hacía,

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