—¿Raquel, estás despierta? —murmuró un “ujum” sin abrir la boca —¿Estás dormida? —respuesta afirmativa otra vez —Dime cómo te llamas. —Raquel A… –dijo su nombre completo con una voz lenta y monótona. —Bien, ahora levanta el brazo izquierdo y haz círculos con tu muñeca —lo hizo —-levántate, bien. Ahora hazme una vuelta de carro. Muy bien —¡Qué locura! Lo estaba haciendo y sin abrir los ojos—. ¿Qué es lo que te pasa a la hora de hacerlo en público? —Me da mucho miedo, tengo miedo de equivocarme y que se burlen de mí –contestó con aquella voz del trance. —Bien, entiendo. Quiero que escuches bien. Soy yo, Luís, tu hermano, quien te dice que no tienes nada de qué temer, no hay razón para que creas que te vas a equivocar. Y si eso pasa, recuerda que no es malo equivocarse. Cada vez que te dé

