Estábamos comiendo, Julia y Sandra, nuestra madre, estaban comiendo como si no hubiera un mañana. Nos contaron que ese día les tocó estar casi 3 horas en el sauna y se sentían famélicas. —No sé lo que nos hicieron —dijo mi mamá con la boca llena de tortitas de camarón—, pero siento como si no hubiera comido nada en días. —La vida que nos devolvieron ayer nos la quitaron del estómago hoy —comentó Julia, quien iba por su tercer vaso de agua de Jamaica. Calculo que Raquel y yo sólo comimos una tercera parte de todo lo que las vi llevarse a la boca esa tarde. Su break de ese día sería de dos horas, y las dos terminaron hinchadas de sus barrigas antes de dirigirnos a reposar en las sillas bajo las palmeras que estaban junto a la piscina. Los cuatro disfrutamos de la paz y tranquilidad… hasta

