—Van a traer la cama plegable hoy en la tarde —dijo mamá entre sorbos de café—. Metí el pedido en calidad de urgente para que llegara hoy y tengas tiempo de acostumbrarte y practicar. —A mí no me engañas, mami. Compraste la cama para ti. —Un poco, sí —rio ella—. La vez que lo hicimos en mi cuarto se sintió muy diferente a hacerlo en el sofá. —Seguimos hablando de masajes, ¿verdad? —bromeó Raquel, provocando que Julia casi se ahogara y la mitad de su sorbo de café terminara sobre su plato vacío y la mesa. —¡Raquel! ¡Mensa, se me fue a la nariz! —se quejó mientras se levantaba con la servilleta en la cara e iba al baño. Mamá por su parte batalló para no reírse y terminó su taza de café. La incomodidad que sentía al principio con esas bromas en doble sentido que acostumbraba a hacer con

