—Es el precio que acordamos tu mami y yo —dijo con un tono de voz completamente diferente, sonaba como una mujer mayor, como si fuera una tía o algo así. —Es mucho dinero. —Es lo que cobra un buen masajista privado y lo eres. Te falta un poco, casi nada, pero tienes futuro en esto. —¿Es en serio? —Bueno, ahí también viene incluido el final feliz. Nene, yo me voy como clienta satisfecha y créeme que voy a regresar. O bueno, tal vez sea mejor que te consigas otro lugar, tu sala huele mucho a… casa. —¿Por qué no me sorprende que el final feliz fuera parte desde el inicio? —pregunté con ironía mientras nos servía un vaso con agua a ambos. —Se lo dije a Sandra, a ella no le molestó en lo absoluto. No es nada discreta con sus intenciones. Te aseguro que en cuanto le avise que me salí de aq

