—Deja subo a cambiarme —dije para quitarle a mamá el foco de atención antes de que le diera algo—, para comer en paz ahorita. —M-mira, ya. Así déjalo —dijo en corto Julia—. Ya te vi. Ya los vi a los dos, ya también he visto a mamá sin ropa en el spa. ¿Qué mas da? —gruñó—. Si esto es algo que tienen pensado hacer de ahora en adelante, ¡pues ya qué! Es más, mamá —añadió al mismo tiempo que se desabrochaba algo en su espalda y tras un par de maniobras, sacó de su blusa el sostén rosa que llevaba puesto—, ya sabes que me gusta andar sin bra en la casa, para que tampoco te dé pena. Eso sí, hasta allí llega mi participación en todo esto, ¿eh, Raquel? —Ya caerás, Juls. Ya caerás… —sonrió maquiavélicamente la hija menor. Más tarde, los cuatro estábamos cenando CASI como cualquier otra noche. La

