Alex sonríe y le susurra algo al oído a aquella chica, las ganas de poder llevársela a la cama crecían a cada minuto que pasaba hablando con ella. Era simplemente perfecta una diosa humana, Afrodita le quedaba en pañales. Lo mejor era que iba a poder tener la noche de placer que tanto había querido antes de aceptarle la salida a Samantha. —¿Y bien? ¿Al fin me vas a decir cuál es tu color favorito? —Alex dice haciendo círculos con sus manos sobre el brazo de ella. —¿Qué te parece si lo descubres en la parte de atrás de tu carro? —ella pone su mano en la entrepierna de Alex haciendo que su cuerpo se estremezca por completo. —Me gusta… definitivamente me gusta la idea. Alex se pone de pie y la toma de la mano pero antes de caminar hacia la salida él le da un beso en el cuello. Ella sonrí

