Había una sensación extraña en el avión. Jemma estaba sentada a la derecha de Williams, acurrucándose contra su pecho; mientras que Patricia estaba sentada a su izquierda, haciendo lo mismo. La azafata no sabía si querían ser atendidas. Al observar las lágrimas que corrían por los ojos de una de las mujeres y del hombre en el centro, decidió mantenerse oculta. Finalmente, William se armó de valor para hablar. Jemma, déjame presentarte a mi hija Patricia. En los próximos meses, la conocerás tan bien como yo. No he podido verla ni tocarla desde que tenía nueve meses. Sin embargo, es lo mejor de mí y la mujer que amé durante 20 años. No eres su madrastra. Son hermanas, y me encantaría que se trataran así. No hay nada que ninguna de las dos pueda pedirme que yo no les daría con gusto. No las

