Pía, con una expresión de enojo palpable en su rostro, se había despertado hace pocos minutos. Mientras su hijo descansaba plácidamente en su cama, ella se encontraba junto a él, acariciando su cabello con movimientos bruscos y erráticos. La habitación estaba cargada de tensión, y el contraste entre la calma del niño y la furia de Pía era evidente en ese momento. — Si algo le ocurre a mi hijo, te acabaré —le advierte Pía furiosa a Lorenzo mientras él entra en la habitación. — Pía, entiende, lo hice por su bien. Necesitaba mantenerlos a salvo. Muy pronto pasarán los efectos del sedante que le suministré, te lo prometo —responde Lorenzo con un tono apesadumbrado, tratando de explicar sus acciones.— Yo nunca lastimaría a nuestro hijo. — Dante es mi hijo, solo mío. Tú no tienes ningún derec

