Isabella estaba abrumada por la frustración. Su deseo de conocer el paradero de su hermano mellizo la impulsaba a buscar respuestas, pero Barto, mantenía un muro de silencio en torno a la cuestión. Cada intento de obtener información se encontraba con la misma respuesta: era un asunto confidencial de la agencia. — Deberías ocuparte de tus propios asuntos, Iceberg.Gael no necesita tu ayuda. Está bastante grande.— Responde Barto burlón, sus ojos brillando con una chispa de diversión que solo sirve para irritar aún más a la joven. — ¿Y quién te crees para darme consejos, Barto? — replica Isabella con un ceño fruncido y un tono afilado en su voz. — Oh, cariño, no es un consejo, es simplemente un recordatorio amistoso — responde Barto con una sonrisa pícara, su mirada fija en los ojos de Isa

