Dante, con su apariencia distinguida y mirada fría, era un joven de cabello oscuro y penetrantes ojos color esmeralda. A pesar de su atractivo, su rostro solía reflejar una expresión de seriedad y profunda reflexión. No lograba comprender por qué su madre, Pía, insistía tanto en que regresaran a la ciudad. Habían pasado un tiempo aislados en un lugar tranquilo y apartado, y él había llegado a apreciar la paz y la ausencia de las complicaciones urbanas. Le gustaba la naturaleza y la tranquilidad, y sentía cierta resistencia a volver a la vida agitada de la ciudad. Dante había heredado de su madre una actitud decidida y firme, aunque a veces le parecía que sus decisiones eran impulsivas y sin mucho sentido. Su relación con Pía era cercana, pero también compleja debido a la personalidad de

