Giada se encuentra de pie en medio de los exuberantes jardines de la mansión, su mirada perdida en el recuerdo de tiempos más simples. Los rayos del sol se filtran a través de las hojas de los árboles, creando un juego de sombras en el suelo. El césped verde y cuidadosamente cortado se extiende a sus pies, como un manto que evoca sus días de infancia. Ella cierra los ojos por un momento y puede ver claramente su yo de cuatro años, correteando por el jardín, riendo y jugando sin preocupaciones. Las risas infantiles y el cálido abrazo de sus padres llenan sus recuerdos. Pero el contraste con su vida actual es impactante. Giada recuerda cómo todo cambió abruptamente. La noche en que su mundo se desmoronó, cuando le arrancaron lo que más amaba. Esa transición de la seguridad y la felicidad i

