7

1954 Palabras
7          Hacía mucho tiempo que no le sonreían de esa manera. Pero no solamente era esa sonrisa que expresaba mucho más que agrado y felicidad, también fue la mirada de sus ojos lo que la cautivó. Más sin embargo, y de acuerdo con sus primeras palabras, esa expresión parecía no deberse a que el borracho de la casa azul la hubiese reconocido.      –La mayoría de nuestros clientes son hombres, aunque también suelen visitarnos algunas mujeres, pero jamás había visto a una tan hermosa entrar a este almacén. Y discúlpame si sueno atrevido o inclusive anticuado, pero cuando algo fuera de lo común se presenta, sería un pecado no expresarlo con las primeras palabras que se te vengan a la mente.      –Gracias –dijo Valérie sonrojándose–, me imagino que los efectos del licor son cosa del pasado.      –¿A qué te refieres? Preguntó el apuesto joven con expresión de extrañeza.      –Lo supuse…, sabía que no te ibas a acordar de mí –dijo ella mostrando la mejor de sus sonrisas aunque en realidad se sentía algo decepcionada por la falta de memoria del encargado de la tienda.      –¿Nos conocemos? –dijo él dándole la vuelta al mostrador hasta quedar frente a ella.      –Bueno…, estuve aquí la semana pasada… –dijo ella tomando con su mano un pequeño modelo rojo de un jumbo 747 –y me llevé un avioncito exactamente igual a este.      –¿Y fui yo el que te atendió? –preguntó él con expresión de incredulidad.      –Claro que fuiste tú, nunca me olvido de los rostros que me llaman la atención, cosa que tú sí pareces hacer –dijo ella volviendo a poner el pequeño modelo en su sitio.      –No te creo, yo también me acordaría de ti…      –Es más –lo interrumpió ella–, me dijiste que ibas a cumplir los diez y ocho, y que ibas a salir el sábado en la noche a celebrar y a tomarte unos tragos –no acostumbraba a divertirse de esa manera, pero le pareció que no se podía dejar pasar la ocasión.      –Es verdad… –la expresión en él era de asombro–, y con todo lo que te conté, ¿no te invité a ir a celebrar conmigo?      –No, no lo hiciste, me dijiste que irías con tu novia –era la forma más fácil de averiguar si el muchacho estaba saliendo con alguien.      –Bueno…, para ese entonces estaba ella, pero la verdad es que ya no está.      Era una buena señal, parecía que el apuesto vendedor de modelos había quedado libre de cualquier atadura de tipo romántico.      –¿Sí ves? Por andar con la que no debías, te perdiste de haber salido conmigo –no podía creerse a sí misma: Jamás había sido una niña coqueta, siempre había pasado por ser excesivamente seria, pero todo parecía indicar que eso era parte del pasado, cuando tenía que madrugar cada mañana a lidiar con un grupo de compañeros inmaduros. Ahora era el presente, se trataba de su nueva vida, de trabajar en lo que pudiera conseguir y de empezar sus cursos de aviación, y por qué no, de llegar a tener una relación con alguien, de dar un beso por primera vez, de sentir un montón de cosas nuevas.      –¿Me podrías recordar tu nombre? –preguntó él, dejando ver que su mente no paraba de trabajar para encontrar alguna pista que lo llevara a recordar los detalles del supuesto momento en que la había conocido.      –El tuyo es Iván, y el mío es…      –Valérie –la interrumpió él con la sonrisa más grande que ella hubiese visto en su vida.      –¡Te acordaste! –dijo ella logrando exhibir una sonrisa casi tan grande como la de él.      –¿Crees que eres la única que puede bromear? Te digo que aquella noche estaba borracho pero no loco…, porque tendría que estar loco para olvidarme de la niña más linda que he visto en toda mi vida.      –Me pillaste…, la verdad es que es la primera vez que entro a esta tienda –sentía algo especial al darse cuenta de que el apuesto Iván, a pesar de su avanzado estado de embriaguez la noche de la fiesta de graduación,  no se había olvidado de ella.      –Con la diferencia de que ya no llevas traje de fiesta, y que ahora llevas sandalias.      –Si te contara todo lo que me pasó esa noche… –dijo ella meneando la cabeza.      –Tienes que hacerlo… Al otro día, cuando me desperté, y en medio del fuerte dolor de cabeza que sentía, me acordé de ti, y no estaba seguro de si eras real o solo eras parte de un sueño. Recordaba una niña preciosa que por su lindo vestido y su falta de calzado parecía un ángel, una aparición. Y como no estaba seguro de nada, le pregunté a mi madre, y fue ella la que me confirmó que tú sí existías, que tú eras real.      –Me imagino que tu madre no habrá hablado muy bien de mí… –dijo ella con su tímida sonrisa.      –Solo comentó algo que yo mismo todavía me estoy preguntando: dijo que qué hacía una niña como tú andando por la calle a esas horas…      –Tú me presentaste como si fuera tu amiga, se supone que estaba contigo…      –Creo recordarlo –dijo él, achinando los ojos–, pero ya sabes cómo son las mamás conservadoras, piensan que un hombre puede andar en la calle hasta altas horas de la madrugada, pero las niñas decentes deben regresar a su casa antes de las doce de la noche.      –Como cenicientas –dijo ella sonriendo.      –Exactamente…, aunque la del cuento infantil solo perdió un zapato… –dijo Iván con su linda sonrisa.      –Te tengo que contar sobre eso, pero ahora no tengo mucho tiempo, debo llenar al menos una o dos solicitudes de trabajo antes de encontrarme con mi amiga para almorzar –dijo ella mirando su reloj.      –¿Estás buscando trabajo?      –Sí, en julio empiezo con mis clases de aviación, así que tengo casi que un mes completo para ocuparlo ganándome algo que me sirva para renovar mi pase del autobús y pagar por mis almuerzos.      –¡¿Vas a estudiar aviación?! Con razón entraste aquí.      –Me encantan todos estos modelos –dijo ella mirando a su alrededor–, el único problema es que son bastante costosos, por eso no tengo ni uno –dijo ella dejando salir una pequeña risa.      –¿Cuál de todos te gusta más? –dijo Iván extendiendo los brazos hacia los lados.      –No estoy segura… –dijo ella recorriendo con la mirada las repisas donde descansaban los pequeños aviones–, ¡todos son tan lindos!      –Siempre va a existir alguno que supere a los demás.      –Supongo… –dijo ella dando un par de pasos hacia el lugar en donde se encontraba el modelo de un jet de cuatro turbinas de color rojo en su punta, seguido por algo de naranja, y de tono amarillo en la mayor parte de su fuselaje. Lo tomó cuidadosamente en su mano para observarlo más de cerca.      –Es un Boeing 720B, con matrícula HK 1973 de Aerocóndor, una aerolínea suramericana que ya desapareció –dijo Iván acercándose a ella.       –¡Está bien lindo, me fascinan esos colores! –dijo ella observándolo por todos lados.      –¿Te lo empaco, o te lo llevas puesto? –preguntó el caminando hacia el mostrador.      –Ya quisiera… –dijo ella arrugando los labios–, creo que apenas tengo lo justo para pagar por mi almuerzo.      –No te preocupes por eso, la niña más linda que ha puesto sus pies en esta tienda no puede irse con las manos vacías. Se trata de un regalo de la casa –dijo él sacando una bolsa de la parte trasera del mostrador.      –¡No podría…, aquí dice que cuesta treinta dólares, es casi un día entero de trabajo! –dijo ella con expresión de asombro.      –Trabajamos para conseguir dinero y hacer que la felicidad llegue hasta nosotros, o para hacer felices a los demás, lo que a su vez nos hace felices a nosotros mismos –dijo Iván dándole la vuelta al mostrador y caminado hasta donde ella se encontraba.      –Hablas como todo un filósofo –dijo ella sonriendo.      –Algunos me dicen eso, será porque me gusta leer mucho. Pero no es hora de hablar de eso –dijo Iván tomando el pequeño avión de las manos de ella y guardándolo en la bolsa–, es hora de que recibas esto como el primero de los muchos regalos que te voy a dar.      En otro hombre, esas palabras hubiesen sonado como las de alguien que la quisiera comprar a través de regalos, pero viniendo de él, por más de una razón, sonaban como las más lindas que había escuchado en mucho tiempo.      –¡Es un lindo detalle! –dijo ella dándole un pico en la mejilla.      –No te imaginas lo que me complace que pienses así –su sonrisa no dejaba de brillar.      –¿Hace mucho trabajas aquí? –preguntó ella guardando la bolsa dentro de su cartera.      –Un poco más de seis meses, pero solo lo hago en mis ratos libres, cuando no estoy en el CEGEP.      –¿En qué estás?      –Ciencias sociales, quiero llegar a ser periodista.      –¡Suena interesante!      –Lo es. Quiero llegar a ser de los que cuentan la verdad, no de los que, por las órdenes de sus jefes, terminan  manipulando a su audiencia o a sus lectores.       –Eso dice mi mamá, que la mitad de lo que ves en los diarios son solo mentiras. Pero creo que ya me debo marchar, mira que se nos ha pasado el tiempo –dijo ella mirando nuevamente su reloj de pulso.      –¿Ahora si me darías tu teléfono?      –Sería muy triste el no hacerlo. ¿Dónde quieres que te lo apunte? –dijo ella mirando hacia el mostrador.      Iván extrajo su billetera del bolsillo trasero, produjo un papelito blanco y se lo entregó a ella junto con un esfero que llevaba en el bolsillo de su camisa. Ella avanzó hasta el mostrador, se apoyó en este, y le apuntó su nombre y su teléfono.      –¿Sería posible vernos al final del día?, podríamos ir a tomar un café y me  cuentas todo lo que te sucedió esa noche, además de miles de cosas más –preguntó Iván mientras recibía el papelito y lo guardaba cuidadosamente en su billetera.      –No debo llegar tarde a casa, ¿pero qué te parece si lo hacemos mañana?      –¡Perfecto! Te llamaré esta noche para recordártelo y para que nos pongamos de acuerdo.      Se despidieron con un pico en cada mejilla, y minutos más tarde Valérie se encontró llenando una nueva hoja de solicitud de trabajo en un súper mercado en el que ofrecían puestos para atender la caja registradora. Sería la última que completaría antes de dirigirse al sitio en el que debía encontrarse con su amiga Gail; estaba más que ansiosa por contarle acerca de Iván. Aunque no era mucho el diálogo que habían tenido con su nuevo amigo, algo le decía que finalmente estaba en la ruta que la llevaría a encontrar a la persona indicada.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR