Capítulo 53

375 Palabras

No tenía escape. El rector Candela intentó huir por un tragaluz, pero era inútil. La pared estaba muy alta. Escuchaba los pasos acercándose, como cadenas arrastradas por el viento y estaba asustado y petrificado. Tragaba saliva apurado y sentía su corazón reventando en el pecho. Buscó alguna salida por todos lados pero solo había oscuridad y vacío. -¡Dios, Dios!-, empezó a implorar, sintiéndose acorralado. Los pasos seguían ametrallando sus sesos. Ya no era dos o tres, eran varios taconeos que venían hacia él, como un fantasmagórico redoble que lo asustaba aún más y lo petrificaba y lo claveteaba en el piso. Quería explotar, quería desaparecer, deseaba hacerse invisible, pero todo era imposible. Sudaba a borbotones y sentía explotar su cabeza en un millón de pedazos. Los rayos y truenos

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