Con rapidez, una vez todo pasó, me separo un poco de ella y sin ver nada más le quito la cinta que tiene en los labios, también intento desamarrar sus manos, pero apenas me doy cuenta que en realidad tiene un par de esposas. – Ya está todo bien cariño – susurro quitando el cabello de su rostro y acariciándolo, poniendo especial cuidado en la mejilla que tiene lastimada. Como hubiese querido golpearlos. – ¿Estás bien? ¿te dio? Él-él dijo que habría un tirador y que te mataría cuando te señalara, me dijo que si no hacia lo que me dijera te-te… – está temblando y maldigo por ello. Que le habrá hecho pasar ese animal. – Yo lo tenía todo cubierto amor, ya no pasa nada – la abrazo con delicadeza para no lastimarla. Como puedo, me las arreglo para sentarme, y la traigo conmigo sin romper e

