Habían pasados un poco más de un mes viviendo en aquella casa de campo. Al principio no se sentía cómoda en esa vieja y enorme casona pero con el tiempo, aprendió amar cada rincón del lugar. Su lugar favorito era el jardín, donde todas las mañanas llegaba los rayos cálidos del sol. Así que se levantaba muy temprano por las mañanas, regaba los arbustos y las flores que habían en el lugar para posteriormente se sentaba en el verde césped para captar la calidez. Y por las noches salía en la oscuridad con una veladora y se disponía a mirar las estrellas en el cielo. Las cuales lucían más brillantes estando a las afueras que en la ciudad de Londres. Pero no sólo se sentaba en ese lugar para admirar esos cuerpos celestiales, si no que lo hacía para hablarle a Mildred. Al principió se le hi

