María se levantó de su asiento de forma torpe y brusca. Empujando sin querer al abogado, quien luego del acto la miró con ojos grandes y expectantes, como si acabara de presenciar lo más terrible del mundo. —María...—Pronunció James con la voz gruesa. Parecía estar intentando calmar sus adentros. —James... Yo no firmaré nada. Esto no me concierne. —¿A qué te refieres?—Preguntó James después de golpear la mesa con la palma de su mano. María miró su rostro y este estaba enrojecido. —Señorita María. Es sumamente importante que firme estos documentos—Dijo el abogado. María observó al hombre mayor, lo que alcanzaba ver de sus mejillas, en su mayoría cubiertas por el espeso pelo blanco. Estaban enrojecidas, al igual que la punta de la nariz. A la muchacha le recordó los marineros borracho

