Estaba completamente liberada del peso que sentía sobre su pecho, Gia había estado pensando en todo lo que estaba aconteciendo esos pocos días que llevaba viviendo en Seattle y llegó a la conclusión de que no podía seguir sintiendo miedo a lo nuevo, cuando se mudó a Nueva York no le tomó tanto tiempo adaptarse al cambio pues fue cuestión de supervivencia absoluta y debía aplicar la misma ecuación si quería tener algún futuro en esa ciudad que conocía como la palma de su mano. Tomo el pollo y lo metió en el horno para que se cocinara, esa noche era la cena con todos sus hijos como les decían ya que Teo y Ana asistirán, se ofreció para terminar de preparar las cosas y que su madre se fuera a cambiar de ropa. - Ve a bañarte para que te pongas bonita.- dijo Elena entrando a la cocina. - ¿Vas

