Compañía

2727 Palabras
Macarena llevó a Bárbara a su departamento, la dejó allí, mientras ella iba por una diligencia personal y luego en busca de lo que necesitaban para el escape del fin de semana. Bárbara quedó en escoger en el vistiere de Macarena la ropa que quisiera para el fin de semana, sólo requería ropa informal o sport, su colega contaba con infinidad de ropa de todos los estilos por estrenar, ya que le enviaban muchas prendas de las marcas que buscaban que ella fuese imagen. La morena estaba sorprendida y se distrajo escogiendo lo que quisiera, se sentía como en una tienda, por lo amplio del armario, parecía abarcar lo mismo que su habitación en la casa de sus padres. Al recordarlos, ella entristeció. No había forma de entender la reacción de su padre, ella estaba clara que cuando decidió ser actriz a él le costó que entrara al mundo del espectáculo, aduciendo que como era tan hermosa era seguro que la iban a querer utilizar para muchas escenas subidas de todo, su machismo era tal, que le hizo prometer que iba a ser muy selectiva con esas escenas guardando su integridad, de acuerdo a los valores de su hogar. Ya que él sabía de primera mano ‘cómo era ese mundo’… recordó. Pero no quería dar marcha atrás en su decisión, aun y sabiendo que él se opondría desde el principio estaba segura, algo dentro de ella se sentía segura en hacerlo, y por más vueltas que le daba, pensar en ese algo llegaba siempre en sus pensamientos a Macarena Achaga. Ella le daba seguridad, y sabía que a su lado podría aprender muchas cosas… profesionalmente, pensó. En medio de sus pensamientos, escucha su celular. Recibió la llamada de su hermano y respondió: —Hola tú. —Hermanita. —Michele, ¿cómo estás? —La pregunta es, ¿cómo estás tú? —Mejor, y estaré mejor. ¿Por allá? —Papá sigue molesto, no quiso ir al canal hoy, mi Mamá dijo que era mejor para que no formara escándalos indebidos —le informó. —En algún momento se debe calmar. —Sí, seguro, Gonzalo también pasó allá toda la mañana entre los dos se daban alientos para seguir molestos —farfulló. Imagino a los dos en el plan de machos heridos… —Mamá está tranquila, ella desea hablarte... —Michele, voy a salir a un paseo todo el fin de semana. Necesito llegar renovada para el inicio de grabaciones el martes. Dile a Ma que la llamaré —le pidió. —¿Con quién o quienes te vas a ausentar? —Con Macarena, me ha invitado a un retiro que iba a ser, y prefiero ir con ella que seguir en discusión en casa. —¡Qué bueno! ¿Le hablaste de tu hermanito querido? —Se escuchó balbucear al otro lado de la bocina. —Michele, párale ¿no? Le hablaré de ti, pero ahora es muy pronto, no tenemos tanta confianza para decirle que mi hermanito quiere conocerla y presumirla en sus redes… —sonrió ante tal hecho, pensando que ella si podría hacerlo pronto... —Perfecto, cuento contigo. ¿Para dónde se van? —indagó. —No lo sé, es una casa de retiro que tiene. Cuando llegue te llamo. —Necesito que disfrutes lo que más puedas y olvídate de todo, tarde o temprano las cosas volverán a su cauce normal. —Gracias, necesito un gran fa… —Dime, para qué soy bueno. —Voy a mudarme a mi depa, sé que a veces tú lo utilizas, espero que no sea molestia. —¡¿Te vas a mudar?! —se alejó el aparato por el grito. —¡Sí!, siento que ya es hora, necesito mi espacio. —¿Y Gonzalo? ¿Por fin van a vivir juntos? —¡No! Te dije mi espacio, todavía no estoy preparada para convivir con él —aclaró. —No hay problema, le voy a pedir a Mariana —su hermana—, que me acompañe a acondicionarlo para ti, neta está algo desordenado —rieron—. Las llaves te las dejaré con el conserje. Me parece muy bien que quieras dar este paso. —Gracias Mich, el domingo llegaré allá directo. Luego iré a casa por mis cosas. —Ma va a llorar, tu sabes siempre ha querido a sus pollitos juntos. —Lo sé, pero es hora —comentó. —Bueno, herma, que te vaya muy bien, cualquier cosa te llamaré. Besos, I love you. —Igual besos, te quiero muchísimo —se despidió. Ahora sí, vas a vivir sola, serás libre… necesito ser libre, mi Padre debe entender que sé lo que hago, aunque lo entiendo, él también deberá hacerlo conmigo, pensó y soltó un fuerte suspiro, dejándose caer en la cama de Macarena. No puedo creer que haya dado este paso… meditaba, tenía su apartamento desde hace tres años, pero no quería ir allí sola, por sus padres y el calor de su hogar, y de paso luego con su novio no quería dar ese paso, prefería visitarlo a él de vez en cuando. No se sentía a gusto de saber tener que recibirlo y atenderlo ella en su lugar. Agarró una de las almohadas y la abrazó, se dejó perder en sus pensamientos y el aroma que emanó al abrazarla. Hasta que se acordó de Gonzalo, debería decirle que se iba a mudar sola. ¿Cómo le explico? Si tiene meses con la idea de que me mude con él, ¡Oh cielos! Pero ya está decidido, no cambiaré de decisión … ¡Por Dios!, me escucho y parezco otra persona. ¿Dónde está Bárbara López? Se preguntó, hasta que[M1] salió abruptamente de sí y se sobresaltó. —Barb… —vio su impresión y procedió a disculparse—. Disculpa no quise asustarte. Bárbara soltó su almohada, la cual apretaba con vehemencia. —No, es que estaba metida en un hervidero en mi mente. —Se sentó y suspiró con desanimo; Macarena se sienta a su lado. —¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó con cautela, no quería molestar con sus preguntas. —He tomado una decisión. Me voy a mudar —espetó. —¡Oh! Te decidiste, ¿vas a vivir con tu novio? —La rubia sintió algo dentro de su estómago que no pudo descifrar, esa sensación era nueva para ella. —¡No! Mi hermano también pensó lo mismo, no —reafirmó—, voy a vivir sola en mi depa. —le aclaró a la rubia quien sin saberlo dibujó en su mente una sonrisa, pero claro que su rostro lo reflejó también. —Okay, pero eso es excelente. O ¿no? —quería saber a qué se debía su desanimo. Bárbara dejó descansarse de lado para soportar si cabeza en el hombro de la rubia. —Estoy segura que seré un desastre viviendo sola, a mi hasta el agua hirviendo se me quema. Soy un caos para atenderme a mí misma viviendo en la casa de mis padres, ahora me imagino sola... —explicó. —No es tan difícil, créeme. El cambio es fuerte sí, pero te adaptarás, y no te preocupes, existe algo llamado delivery o youtube, o mejor aún, Macarena que te pueden enseñar a cocinar. —dijo alegremente, causó una amplia sonrisa a la morena, quien se animó con su propuesta. —Maca… —hizo una pausa, recibiendo un dime por lo bajito de la rubia— ¿Por qué siento como que te conozco de toda la vida? —No sé, pero me pasa igual. No es normal tener esta afinidad con los colegas, sino hasta después de estar bien entrados en las grabaciones, sin embargo, con nadie había sentido algo igual. ¿Te has escuchado? Cállate niña, ¿Qué cosas dices? Así la vas a espantar, se reprendió y juró que sus mejillas estaban rojas por lo caliente que sentía su cara y no sabía cómo accionar, todo era tan nuevo e inesperado para ella, que se debía un momento de autoanálisis, pensó. —A mí me pasa algo parecido, y me gusta —mordió su lengua ante eso último—, digo porque para nuestro trabajo será lo mejor —enmendó sus palabras y se separó de ella para buscar su mirada—, y espero que sigamos siendo muy buenas amigas, para incluso después de él… —confesó y otra vez quedó cautivada con los ojos de la rubia quedando ambas en silencio. Nota mental no mirarla a sus ojos así de cerca. Se dijo Bárbara. Macarena tomó las manos de la morena, y sonrió. —Nada me encantaría más, créeme. Me encanta lo que puedo leer en tus ojos… —¡Ya! Stop niña… detente, demandó para sí misma. —Suena genial… —Genial, sí…. Como nuestro paseo —la rubia se incorporó—, ya compré lo que necesitamos, ¿encontraste tú lo que necesitabas o vamos a algún sitio? —preguntó mientras aclaraba su garganta. —Ir a un sitio, no hace falta… prácticamente tu armario es una tienda por departamento… —bufó y se levantó para ir camino hacia él, entrando y haciéndole señas a su colega para que la siguiera, para mostrarle lo que escogió—. Tengo suerte que seamos medianamente de la misma contextura, hay de todo —expresó emocionada. —Me alegra, que te encante, todo lo que quieras te lo puedes llevar. Yo haré mi maleta y saldremos. Macarena siguió en lo que dijo y Bárbara estaba como una niña en tienda de dulces. Realmente le encantaba todo. Llegó la hora y salieron del departamento. El traslado les llevaría como una hora y media, Bárbara propuso salir en su camioneta y Macarena decidió manejar, su compañera se encargó de la música, y cantaban, las dos eran amantes de cantar, y no tenían inhibiciones ante ellas, aún y con lo poco que llevaban conociéndose. Disfrutaron mucho, cantando y riendo. Sin dudas era la mejor terapia posible. Al llegar, Bárbara quedó maravillada, en realidad la casa de retiro de la rubia era un oasis, pensando en la selva de concreto que era la ciudad y el aire, el aire se sentía muy fresco, menos denso. Iba entrando a la casa apreciando cada detalle, externo e interno. Macarena se quedó impresionada por su cara, sabía que la iban a pasar muy bien, y se sentía feliz por compartir su pedacito de cielo con ella. —Vamos, apresúrate el sol se está ocultando, préstame tu cámara. —La apresuró mientras la rubia terminaba de dejar unas bolsas en la cocina. Al entregarle su cámara profesional, ella salió como niña en busca de su fotografía. Macarena sonrió ante lo magnifico de aquel acto, era amante de la naturaleza, de la majestuosidad de un atardecer, eso le encantaba. Salió para alcanzarla y disfrutar del aire fresco también, le señaló las instalaciones y le pidió que disfrutara al máximo como quisiera, le ponía a disposición su casa amablemente. —Es espectacular, Maca, gracias por invitarme. —Gracias por aceptar. Se deleitaron con el paisaje y tomando fotos. —Voy a preparar algo de cenar, muero de hambre —expresó la rubia. —¿Te puedo ayudar? —sonrió—. Bueno, mejor dicho, ¿te puedo ver? Así me vas enseñando. —ambas sonrieron. —Claro…, no más vamos a ponernos más cómodas y nos vemos en la cocina —le señaló su mano para que la tomara, así lo hizo y caminaron por la casa, la rubia le enseñó todo y la dejó en la habitación donde ya había llevado antes el bolso de la morena. Pasó media hora y se vieron en la cocina ya Macarena estaba preparando y alistando los ingredientes, para iniciar, con fondo musical. —Señorita, son varias las opciones para cenar, no sé tus preferencias —indagó la mayor. —Maca, lo que sea, no voy a exigir nada esta noche, me encanta comer. —Se acerca a ella en la isla de la cocina y le acomoda uno de sus largos mechones de cabello detrás de su espalda. —Bueno manos a la obra —aclara su voz al separarse de la morena… Iniciaron su primera clase de cocina, Macarena llevaba los ingredientes listos para preparar pizza, disfrutaron cada instante. La rubia veía entusiasmada el esmero de la morena por aprender, lo hacía muy bien. Jugaron y se divirtieron mientras las canciones le hacían cantar, el vino, llevaban ya la primera botella, y la pizza aun le faltaba. Estaban alegres. Bárbara se olvidó de todo y de todos. Se dispusieron a comer. Brindando, primero, por la obra maestra que había hecho Bárbara con ayuda de Macarena. —Eres una muy buena alumna —dijo Macarena terminando su último trozo de pizza. —No, eres tú una excelente maestra. Me encantas…, como enseñas —aclaró con una sonrisa de satisfacción. Seguían comiendo, Macarena se ensimismó pensando que la compañía de Bárbara le era tan grata que no le interesaba perder su tan apreciado y adorado silencio de reflexión al que se sumía al llegar a esa casa, su presencia le era, de algún modo, mejor compañía que todo lo que antes adoraba. Luego de la cena y de ordenar la cocina, decidieron ver una película, ya eran pasadas las diez de la noche, el tiempo les estaba pasando volando. Y Macarena estaba algo agotada, Bárbara preparó todo mientras la rubia estaba recostaba en el gran sofá del living de entretenimiento, era amplio y muy cómodo, observando a la morena detalladamente mientras saboreaba su vino lentamente. Bárbara se sentó al lado de ella, ambas estiran las piernas sobre la mesa de centro. Se arroparon y le dieron play a la película. La película estaba por terminar, y como era triste, en medio de ella, Macarena estiró su brazo para que la morena pudiera descansar o consolarse en su hombro ya que estaba muy sensible, hasta el punto de llorar. Macarena estaba agotada y quedó dormida. —Mac… —se silenció, al percatarse que estaba dormida. Con mucho cuidado trató de levantarse. Pero la rubia la tenía abrazada, desistió de su idea por un momento. Se detuvo a verla mientras dormía, le alumbraba apenas la luz tenue de los créditos de la película. Dios es hermosa, parece un ángel, ¿puede ser alguien tan perfecta? —moría por acariciarle la mejilla, ese impulso le era irresistible ya lo había confirmado por segunda ocasión—. ¡No! Ni se te ocurra, quédate quieta… No quiero despertarla, debe estar muy agotada, de paso elijo una película que la hizo dormir… ¡Bravo! Bello que te quedo… genial —se aupó sarcásticamente. Se le ocurrió dejarla descansar en el sofá era muy amplio y cómodo, entendió por qué se había quedado rendida. Entonces como ya la rubia había colocado las piernas flexionadas de lado en el sofá, decidió fue hacerla inclinar de su lado para dejarla inclinar lentamente hasta que quedara acostada completamente, con ella a su lado, ya que usó su cuerpo para guiarla sutilmente y no despertarla. Al hacerlo, el agarre de Macarena bajó hacia la cintura de Bárbara que estaba igualmente acostada ya con las piernas estirada, zafarse de la rubia le implicaría perder todo su esfuerzo por no despertarla, ya que la rubia estaba de lado y tenía su brazo derecho bajo el cuello de la morena y su brazo izquierdo abrazando su abdomen, de paso una de sus piernas se enlazó a su pie derecho. Macarena despierta, no, no te despiertes, estás agotada pobrecita… pero y, ¿yo? ¡Oh! Se siente tan bién su cuerpo, su calor… su olor… nooooo, por Dios, ¿Qué digo?, vamos piensa… Y no pensó, sólo se acomodó mejor de lo que estaba. Vio el control cerca y decidió poner algún canal para ver mientras ella se despertaba, o se movía o algo, para aprovechar y despertarla. Subió la manta para arroparla con delicadeza, estaba haciendo frío, no se quería imaginar cómo era afuera. Se dispuso a ver tele, y en cuestión de minutos lo apagó, sus ojos no daban para más estaba tan cómoda que sucumbió en los brazos de Morfeo, bueno en esta ocasión, en los brazos de Macarena. Y así quedaron dormidas plácidamente en el primer día de su retiro, de su descanso.
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