La mirada de Aisak era la de un demente, sus ojos estaban inyectados de sangre, una pigmentación rojiza corona sus ojos desde hace varios días pero hoy era aun mas notorio. Los nudillos en sus manos están de un color blanco pálido por la fuerza en la que sujeta el volante, su respiración es entrecortada y de vez en cuando estira su mano derecha y la introduce entre los muslos de ella tocando sobre la tela de su ropa el pequeño bulto de entre las piernas de ella, la toca como nunca a la vez que su cuerpo ya reacciona ante sus movimientos hacia ella. Separa su mano y se la lleva ante su nariz oliendo su dulce aroma, besa su mano como si hubiera olido la fragancia más cara y deliciosa del mundo . "mi hembra, mi mujer.... " Desesperado por llegar a su hogar, pisa hasta el fondo el

