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Capítulo seis
Lea Díaz
—¿McDonald's?— me dedica una mirada helada.
—¿Qué, si eso es lo que me gusta?— ¿Qué quería? ¿Qué me quedara con hambre?.
—¡Lea! Por lo menos pudiste ser un poco más educada, ¿No crees?.
—No— digo con un tono de voz más despreocupado de lo normal.
—¿Por qué no?.
—Porque no quiero ser su amiga.
—Él no quiere ser tu amigo, no me digas que no te has dado cuenta— ¿Y ahora por qué está molesta?.
—Es mi profesor— pongo los ojos en blanco.
—¿Y?, él está interesado en ti— dice con un tono de voz que nunca había usado y el cual no soy capaz de describir; porque no lo reconozco.
—Él no me gusta— me cruzo de brazos.
—Es un hombre muy apuesto e interesante— le dedico una mirada coqueta, y esta pone los ojos en blanco.
—Te gusta, ¿Verdad?— empiezo a subir mis cejas en compás para molestarla.
—Es para ti.
—Yo no lo quiero, mejor quédate tú con él.
Emite una dulce carcajada que me parece contagiosa. —¡Ay, Lea! ¡Claro que no!, ¿Cómo crees?— pregunta sin verme a los ojos.
—Es la verdad o ¿Me vas a decir que no te gustó?.
—Si, pero— la interrumpo.
—Pero nada, te voy a conseguir una cita con él.
—No, Lea.
—Sabes que cuando algo se me entra en la cabeza, no sale, ¿Verdad?.
—Si...— suelta un suspiro de nerviosismo. —Solo... no me dejes en vergüenza, por favor.
—¡Ay, claro que no!, solo le voy a decir que quieres una cita con él, y listo.
—¡¿Qué?! ¡No, no hagas eso!— se levanta del sofá alterada.
—¡Ay, claro que no lo iba a hacer!— si, si lo iba a hacer.
—No me digas...
—Si te digo.
—¡Ash!— suspira. —Lea, por favor, no hagas esa estupidez— eso es imposible.
—Está bien— murmullo.
—Gracias— me da un beso en el cachete. —Ya me tengo que ir a dormir— suspira. —Buenas noches.
—Buenas noches para ti también— sonrío, mientras la veo irse por el pasillo y entrar a su habitación.
Voy a la cocina y bebo un poco de agua, mientras pienso: ¿Qué voy a hacer para conseguirle una cita con Estiben?.
***
Veo al Guapodioso parado en la orilla de la playa, así que decido jugarle una broma.
Empiezo a correr, mientras pongo una cara de miedo. Cualquier persona que me viera, diría que acabo de ver a un fantasma.
El Guapodioso al verme, empieza a correr él también, y no paro de correr, m solo me quedo viendo como corre a mi lado y lo sexy que se ve.
Él toma la delantera, así que corro más rápido para alcanzarlo y me le subo arriba.
Sigue corriendo como loco y eso provoca que no pare de reír.
—¿De qué te ríes?— me pregunta enojado.
—¿Por qué corres?.
—Estabas corriendo.
—¿Y?.
Para de correr, me baja de su espalda y me mira a los ojos. Dejando que me de cuenta de lo enojado que está.
—¡Lea!— dice enojado. —Creí que había algo o alguien al que le temías, pensé que había ocurrido algo y empecé a correr al igual que tú.
Suelto una carcajada. —Nadie te mandó a correr, tú solito lo hiciste— me le subo arriba y me quedo mirándolo directamente a los ojos, y sin poder evitarlo sonrío.
Me le acerco un poco para besar esos labios carnosos que me piden a gritos "Muérdeme".
—Lea.
—Shhh... solo disfruta y cállate— le pido con mis ojos cerrados.
—Lea— empieza a decir, pero lo ignoro. Estoy a punto de besarlo y.... —¡Lea!.
Siento un gran dolor, mientras escucho un estruendoso ruido, abro los ojos, y veo el piso de mi habitación.
Mierda.
—Lea, tu alarma sonó hace veinte minutos, ¿No tienes que ir a dar tu repuesta sobre la solicitud de trabajo en la empresa?.
—Mmm... Guapodioso— veo esos hermosos ojos verdes, pero estos empiezan a tornarse en unos grandes ojos azules.
—¿Qué? Soy Luz— ¿Qué mierda me pasa?.
—Si... Luz...— me levanto y me vuelvo a acostar en mi cama.
Que rico, la cama está calentita.
—Estás retrasada.
—Mmm....
—Lea, se te hace tarde para aceptar el trabajo— al escuchar sus palabras, me levanto rápidamente de mi cama y empiezo a vestirme rápidamente, pero mientras me pongo los pantalones, me caigo.
Trato de levantarme lo más despido posible, y sigo alistándome. Voy al baño y me cepillo los dientes, me lavo la cara y salgo corriendo de la casa con grandes esperanzas de que no sea tarde.
***
—Buenos días, señor.
—Buenos días, señorita, supongo que viene a decirme cuál es su repuesta sobre la propuesta de trabajo.
—Si.
—Y bueno... dígame.
—Si.
—Dígame su repuesta, señorita, por favor.
—Si.
—Su repuesta— ¡Ay, ¿Este Guapodioso no entiende o qué?!.
—Le estoy diciendo que si.
—Ah, discúlpeme— se ve hermoso sonrojado, al ver que lo estoy mirando, su mirada cambia a una fría, y no puedo evitar dejar de mirarlo.
Dios... por un momento creí que no era tan... tan... Guapodioso.
Escuchamos unos toques en la puerta. —¡Adelante!— exclama el Guapodioso, mientras me mira a los ojos, pero esta vez no desvió la mirada y veo como sonríe de lado.
Se ve tan sexy... no, claro que no, él es... es... un Guapodioso común y corriente, ni sé por qué tuve ese sueño con él.
—Buenos días— dice un moreno de ojos azules claros al entrar a la oficina.
Es tan sorprendente, esos hombre morenos claros con ojos azules claros, se ven tan lindos.
Siento la mirada fría del Guapodioso, lo veo y si, efectivamente me está dedicando una mirada helada.
—Buenos días, Henry— saluda al chico sin apartar su mirada de mí. —Te presento a Lea— el chico me extiende su mano y yo la estrecho, mientras me pierdo en esos hermosos ojos azules. —Ella es tu compañera, ya sabes las reglas de la empresa.
—Si, señor— el chico aún me está agarrando la mano y yo no hago ningún esfuerzo para que me suelte, simplemente me quedo perdida en ese pozo de agua cristalinas, o así es como veo sus ojos.
—Señorita, no puede existir ninguna relación romántica o idilios entre los compañeros, se puede retirar, nos vemos el lunes— dice el Guapodioso, arruinando completamente el momento.
Aquel chico me suelta la mano y yo meneo un poco la cabeza para volver en sí. —Si, señor, que pasen buenos días— sonrío, miro a aquel chico que hizo que le perdiera en sus hermosos ojos.