El sonido del despertador resonó con fuerza, sacándome bruscamente del sueño.
—¡Maldito despertador! —maldije mientras intentaba apagarlo. ¿Quién le cambió el horario? Claramente fui yo, si no hay otra persona en este departamento. A menos que Scarlet se las haya ingeniado para entrar y cambiarlo. No sería la primera vez. Ella y Nora, la ama de llaves, parecen tener un complot contra mí. Me parece tierno que se empeñe en molestarme en mi propia casa.
Estuve desvelado toda la noche pensando en el día de hoy. Era un día importante. Para empezar, tenía que elegir una secretaria. Hace rato que no tengo una, y si bien puedo con todo el trabajo, ya que soy un poco adicto, cabe recalcar que si un cuarto de lo que hago pudiera delegarlo, me aliviaría un montón y podría concentrarme en otras tareas más importantes. Además, estaba el proyecto con Horizon Enterprise, el cual necesitaba toda mi atención y dedicación para asegurar que todo saliera perfecto. No podía permitirme ningún error en esa negociación crucial.
Por otro lado, contratar a alguien que tenga la suficiente inteligencia y sea apta para cumplir las tareas, y el plus de darle celos a Scarlet, me mantenía en un estado de nerviosismo. Ya lo he hecho varias veces, verla enojada por coqueteos leves me encanta. Pero hoy quería que todo fuera perfecto, tanto en lo profesional como en lo personal.
Me di una ducha rápida, saludé a Nora, quien recién había llegado para empezar a acomodar las cosas, y me dirigí directamente a la empresa. Al dejar el auto en el estacionamiento particular de la empresa, al cual se puede acceder con una tarjeta de identidad específica, decidí pasar primero por la recepción para verificar que todo estuviera en orden. Era esencial para mí asegurarme de que la empresa proyectara una imagen de eficiencia y profesionalismo a cualquier cliente que pudiera entrar, sin importar lo que estuviera ocurriendo internamente. Saludé a algunos empleados mientras me dirigía al piso 15, donde teníamos nuestras oficinas, Scarlet y yo.
—Buenos días, señor Kèldysh —me saludó Sarah con una sonrisa profesional.
—Buenos días, Sarah —respondí, tratando de mostrarme cordial.
—¿Quiere que le traiga algo para desayunar? —preguntó, notando probablemente mi expresión cansada.
—Sí, por favor. No he desayunado nada. También necesitaría una copia de todos los currículums de las personas que vienen hoy dentro de una hora. Quiero revisarlos antes de las entrevistas.
—Claro, en un momento se los traigo.
Me adentré en mi oficina y me abrumé al ver la cantidad de trabajo pendiente. Había cosas por revisar, planos y diseños de autos, y otros documentos importantes. Lo primero que hice fue entrar al banco para verificar que los pagos del día hubieran entrado y que los cheques estuvieran en orden. Necesitaba asegurarme de que las finanzas estuvieran bajo control antes de sumergirme en el caos del día.
Sarah llegó con mi café y los currículums. Noté que el café era doble con crema y una pizca de cacao, justo como me gusta tomarlo.
—Gracias, Sarah —dije, genuinamente agradecido.
—De nada, señor Kèldysh. Si necesita algo más, estaré en mi escritorio.
Mientras tomaba el café, empecé a leer los currículums para estar mucho más preparado a la hora de la entrevista. Por más que tuviera intenciones ocultas, no iba a dejar que cualquier persona tuviera control sobre datos e información importante. Mientras revisaba los documentos, me di cuenta de que Scarlet no llegaba y eso era raro en ella. Así que decidí enviarle un mensaje de texto para hacerla enojar.
"Cielos Scarlet, hoy tenías que llegar temprano y aún no apareces. Después no te quejes que hago las cosas sin tu consentimiento."
Pasó un rato y aún no tenía respuesta de Scarlet. Al fijarme en el mensaje, noté que lo había dejado en visto. Si hay algo que me molesta es que me dejen en visto. Podría haber respondido con un simple "yendo" y listo, pero no. Ahora no sabía si le había pasado algo, si estaba atrasada o si se había quedado dormida. No es muy difícil mantener una cierta comunicación con una persona con la que trabajas para saber cómo manejarse, pero claramente no me contestó solo para hacerme enojar.
Mientras esperaba, me fijé en los planos del modelo ZRG89. Hoy a la tarde teníamos una reunión y necesitaba estar al tanto de todos los detalles. El diseño del auto era impresionante, una mezcla de elegancia y funcionalidad. En la pantalla de mi computadora, observé el modelo 3D girar lentamente, mostrando cada ángulo del vehículo. Las líneas aerodinámicas, el chasis reforzado, y los componentes del motor estaban claramente delineados. Me aseguré de que todas las piezas estuvieran en su lugar y que los materiales especificados fueran los correctos.
Me puse en contacto con la persona encargada de finalizar los detalles de la presentación.
—Peter, necesito que el modelo 3D esté listo para la reunión de esta tarde. ¿Cómo vamos con eso?
—Todo está casi listo, señor Kèldysh —respondió Peter al otro lado de la línea. —Solo faltan algunos ajustes menores en los componentes del motor y la integración del sistema de entretenimiento.
—Perfecto, asegúrate de que todo esté impecable. Esta reunión es crucial y no podemos permitirnos ningún fallo.
—Entendido, señor. Lo tendremos listo a tiempo.
Mientras terminaba de revisar los detalles del diseño, me di cuenta de que ya casi era la hora de empezar las entrevistas y Scarlet aún no llegaba. Decidí mandarle otro mensaje, esta vez un poco más directo.
"¿Dónde diablos estás? Ya llegaron las primeras postulantes y aún no estás aquí."
Cielos, esta mujer va a matarme. Apostaría que está saliendo del café "El Rincón Aromático". Le encanta ir ahí, pero siempre está lleno de gente y nunca prevé eso. No podía más con la impaciencia, así que decidí salir de mi oficina y me dirigí a la sala de espera. Al entrar, noté que varias señoritas ya estaban allí, sentadas y esperando. Les dediqué una sonrisa profesional y me acerqué a ellas.
—Buenos días —saludé con firmeza, tratando de irradiar confianza. —Soy Aarón Kèldysh, el copropietario de GlobalDrive Technologies. El puesto por el cual solicitaron es para ser mi secretaria, así que me gustaría poder entrevistarlas personalmente para seleccionar, junto con mi colega, a alguna de ustedes que sea apta para el puesto. Espero que podamos congeniar en el trabajo y que puedan mantener el ritmo laboral, así que les deseo suerte a todas.
Podía escuchar susurros entre ellas, probablemente hablando de lo atractivo que les parecía su jefe. Algunas incluso se acercaron para presentarse y saludarme personalmente, lo cual no me sorprendió.
Una de ellas, una joven de cabello rubio y ojos brillantes, parecía particularmente llamativa. Su nombre era Emma Stevens. Su currículum mostraba experiencia en gestión administrativa, pero algo en su actitud me hizo sospechar que sus intenciones iban más allá de las meramente profesionales.
Decidí empezar una conversación con ella para evaluar sus verdaderas intenciones.
—Emma, veo que tienes una experiencia bastante variada —comenté. —¿Qué te atrajo a esta empresa en particular?
—Bueno, señor Kèldysh —respondió ella con una sonrisa coqueta mientras se colocaba el cabello hacia atrás para dejar en descubierto su cuello y escote —me atrajo la reputación de esta prestigiosa empresa. Además, me gustaría poder trabajar junto a usted. Creo que me daría mucha experiencia en ese ámbito y de seguro nos llevaremos de maravilla.
—Entiendo, Emma —dije mientras le sonreía un poco. —¿Qué es lo que más disfrutas del trabajo administrativo? —pregunté, manteniendo mi tono casual pero observando atentamente sus reacciones.
—Me encanta estar siempre disponible para lo que necesite, sin importar la hora o el lugar. Estoy completamente disponible —respondió ella con una sonrisa que alcanzaba sus ojos. —Y, por supuesto, trabajar con personas influyentes es siempre un plus. Admiro su trabajo y me gustaría poder conocerlo más para aprender qué es de su agrado y poder estar a sus expectativas —dijo ya de un modo coqueto.
Ahí estaba. Esa insinuación de que buscaba algo más que un puesto de trabajo. Antes de que pudiera seguir interrogándola, Scarlet apareció en la entrada, luciendo impecable como siempre. La habitación quedó en silencio mientras todos volteaban a verla. Es una mujer que puede volver loco a cualquiera. Tiene un poder y una personalidad dominante que no se deja doblegar por nadie. Sí, es una mujer muy orgullosa, pero también increíblemente inteligente, y tiene un estilo impecable a la hora de vestir que me vuelve loco. Hoy llevaba un traje n***o que le quedaba de infarto. Ella tiene la particularidad de no necesitar vestirse de manera provocativa para llamar la atención; lo hace de por sí.
Scarlet se situó a mi lado, evidentemente molesta. Su expresión era una mezcla de molestia y diversión, claramente consciente del efecto que su retraso tenía en mí y probablemente pensando que estaba coqueteando con alguna de ellas, que era precisamente la reacción que estaba buscando en ella.
—¿Tiene para rato, señor Kèldysh, o tendré que seguir haciendo tiempo? —planteó, sin ocultar su impaciencia.
—Oh, no, para nada, Srta. McGregor. Si hubiera llegado a tiempo, no tendría que preocuparse por esperar —respondí con mi típica sonrisa irónica, acompañada de un guiño cómplice.
Las entrevistas comenzaron y fueron bastante fluidas. Cada candidata tenía algo único que ofrecer, pero Emma seguía destacando por razones equivocadas. Sus respuestas eran claras, pero su actitud me dejaba mucho que desear. Era obvio que estaba más interesada en el poder y el dinero que en el trabajo en sí. Cuando llegó el turno de Melanie, me di cuenta de que era perfecta. Físicamente se adaptaba a mis gustos particulares, llamaba la atención sin ser vulgar, y sus conocimientos y experiencias en el área eran perfectos para lo que necesitaba. Había otras que tal vez eran mejores, pero ella cumplía los estándares. Además de ser mi secretaria, era perfecta para molestar con su sola presencia a Scarlet. Habría que ver cuánto tiempo iba a tardar ella en hacerla enfadar.
Comencé a explicarle a Melanie cómo funcionaba la empresa, los trabajos que iba a estar realizando y por dónde iba a comenzar. Le mostré cuál iba a ser su oficina, para que comenzara a instalarse de a poco. Le mencioné que, luego de que terminara la primera semana, iba a consultarle cómo se sentía con el trabajo, para que ella misma me dijera si estaba a gusto o tal vez no era lo que esperaba, así podía adaptarse tranquila e ir viendo. Cuando estábamos en su oficina, vi cómo Scarlet pasaba por la sala de estar y se detenía a mirarnos disimuladamente. Claramente, aproveché ese momento para acercarme un poco más a Melanie mientras le seguía explicando el funcionamiento de la red del sistema con una sonrisa encantadora para que Scarlet creyera que estaba coqueteando. Tuvo efecto ya que el repiqueo de sus tacones era cada vez más fuerte y brusco. Le mencioné que cualquier inquietud en cuanto a las tareas podía consultarme y en todo caso, si necesitaba alguna información, también podía asesorarse con Sarah.
Una vez en mi oficina, decidí ponerme al día con la planificación estratégica de los próximos proyectos y revisar los planes de expansión internacional que estábamos contemplando. Necesitaba algo que me mantuviera concentrado y alejado de los pensamientos de Scarlet.
Sin embargo, algo me distrajo. Una notificación en mi teléfono de seguridad: "Christian Hall ha ingresado al edificio". Había dejado instrucciones claras a seguridad para que me informaran cada vez que él apareciera. Mi corazón se aceleró. No podía soportar la idea de que estuviera cerca de Scarlet.
Revisé las cámaras de seguridad y lo vi dirigiéndose hacia la oficina de ella. Mi estómago se retorció de celos y enojo. Christian había sido su exnovio y su mejor amigo, pero para mí, él siempre había sido el tipo que me robó la oportunidad con ella. Verlos juntos era doloroso. Por más que ellos intentaban incluirme, no era lo mismo. No podía soportar ver cómo la chica que me gustaba estaba con otro, perdiéndome todas esas cosas con ella por no haberme animado a decirle lo que sentía.
Me levanté rápidamente de mi escritorio. La vista desde el ventanal de la oficina era fabulosa, estando tan alto se podía apreciar toda la ciudad completa, pero no podía distraerme con eso ahora. Fui a la oficina de Scarlet; no pensaba dejarlos solos ni un segundo.
Entré sin tocar y lo que vi fue el colmo. Christian y Scarlet estaban en el suelo, claramente en una situación comprometida. Una furia líquida disparó por todo mi torrente sanguíneo.
—Le recuerdo, señorita McGregor —comencé, con un tono serio —esto es una empresa, no un lugar para relaciones sentimentales. Si siente la necesidad de tener un encuentro íntimo, le recomiendo que busque un motel. La oficina no es el lugar adecuado —mi voz sonaba autoritaria y fría, provocando un escalofrío en el ambiente.
—Por raro que le parezca, señor Kèldysh —dijo mientras se levantaba al mismo tiempo que Christian —estoy completamente de acuerdo con usted. Así que, si me disculpa, me retiro. Que tenga un buen día —terminó diciéndome mientras salía de la oficina y cerraba la puerta en mi cara dejándome solo en el lugar. No podía creerlo. ¿En verdad se iba a ir con él? Me daba bronca. Si no hubiera abierto mi gran bocota, tal vez no se hubiera ido.
Estuve toda la maldita tarde tratando de concentrarme en la planificación estratégica, pero fue inútil. La imagen de Scarlet y el idiota de Christian juntos me atormentaba. Me rendí. Dejé los documentos en la oficina mientras trataba de pensar en algo. Apoyé los codos sobre el escritorio y cubrí mi cara con las manos. Necesitaba pensar en algo y rápido. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Dónde estaría? No aguanté más y decidí llamarla.
—Scarlet Mcgregor ¿Quién habla? —Contestó ella.
—¿Cómo que quien habla? Como si no me tuvieras agendado o estás demasiado ocupada que no pudiste leer el contacto antes de contestar —digo enojado —¿Por qué aún no estás en la empresa? y ¿En dónde estás?.
—Como me dijiste Aaron, los polvos en la empresa no se pueden y hay que resolverlos en otra parte —Contesta ella —Además, como bien lo mencionaste, no necesitas de mi presencia para resolver las cosas y más ahora teniendo una secretaria, vas a estar bastante ocupado enseñandole, así que si me disculpas, voy a volver con Chris.
—Oh no Scar, no vas a empez…. —Y ahí fue cuando cortó la llamada.
Estaba cegado de celos y de ira. No podía creer que me hubiera cortado el teléfono; eso fue el colmo. Lo odiaba a él, la odiaba a ella, a ambos, y me odiaba a mí por estar permitiendo que esto me afectara de nuevo. No sabía qué hacer. Empecé a dar vueltas en mi oficina tratando de calmarme, pero no había caso. ¿Y si ya estaba con él en su departamento? ¿Y si se estaban acostando? No, tal vez simplemente fueron a tomar algo y solo eso. Dios, no podía dejar de pensar e imaginarme situaciones. Me frustraba. Apoyé mis manos en el escritorio mientras trataba de pensar algo razonable. No tiene que importarme, puede hacer lo que quiera, al igual que yo. Así que tengo que seguir enfocado en mi trabajo, que eso es lo que importa.
En eso, escucho cómo Melanie me habla por el intercomunicador.
—Disculpe, señor Kèldysh, le recuerdo que a las 18 horas tiene una reunión con Horizon Enterprise. Me acaba de comunicar Sarah que le avise; le acaban de mandar la presentación por email para que le dé un último vistazo.
—Gracias, Melanie, ahora me encargo.
Mierda. Entre todo este alboroto olvidé por completo la presentación, y Scarlet debería estar aquí. Tengo dos horas antes de que inicie y necesito que esté. Maldita sea, detesto que, aun en este estado, ella pueda calmarme y hacer que me concentre. Tiene un poder sobre mí que nunca se ha dado cuenta. Siempre la molesto y la hago enojar, pero es para olvidarme de todos estos problemas, y ahora me está generando un problema. Tengo que encontrarla como sea. No me queda otra que ir a su departamento, aunque tenga que tirar la puerta abajo, no me importa.
Me dirigí a su departamento lo más rápido posible. Al llegar, la vi a ella y a Christian en la puerta de su edificio hablando. Demonios, seguramente estuvieron juntos. Me estoy volviendo loco. Bajé del auto; no lo pensé ni dos segundos. Agarré a Scarlet y la llevé conmigo de vuelta. Discutimos en el auto. Me sentía dolido y no podía pelear en este momento con ella. Simplemente no quería verla, no quería pensar en lo que estaba haciendo seguramente con Chris, pero no podía dejarla así como así. Demonios, ¿por qué me preocupo por ella cuando ella no lo hace por mí?
Fui por un café para ella y algo dulce. Sé cuáles son sus favoritos y me enoja que aún recuerde qué es lo que le gusta. No sé si comió algo, pero no podía dejarla así por más enojado que esté. Además, nunca niega algo dulce. Le entregué todo a Scar. Si bien fue un viaje en silencio, no podía sacarme de la mente que seguramente se volvió a acostar con Christian. Decidí ignorarla hasta llegar al trabajo. Al menos ahí podía vigilarla.
Pasaron unas horas y ya era hora de la reunión con Horizon Enterprise. Mientras revisaba los últimos detalles del modelo ZRG89, no pude evitar pensar en todo lo que había sucedido en los últimos días. Los capítulos anteriores de mi vida habían sido complicados. Los proyectos, las responsabilidades y la relación tensa pero intrigante con Scarlet. Todo parecía estar en una especie de equilibrio precario, y cada movimiento debía ser calculado.
El modelo ZRG89 era una obra maestra de la ingeniería y el diseño. Observé cada línea y curva en la pantalla, asegurándome que todo estuviera perfecto. El auto era una combinación de elegancia y potencia, diseñado para impresionar tanto en la carretera como en el mercado. Cada pieza, desde el chasis hasta el motor, había sido cuidadosamente seleccionada y ensamblada para crear un vehículo que no solo cumpliera con los estándares de la industria, sino que los superara.
Hablé con Peter nuevamente para asegurarme que todo estuviera en orden.
—Peter, ¿estamos listos para la presentación?
—Sí, señor Kèldysh. El modelo 3D está completo y todos los detalles están listos. Estoy seguro de que impresionará a Horizon Enterprise.
—Excelente. Asegúrate de tener todo preparado en la sala de reuniones. No podemos permitirnos ningún fallo.
Después de colgar, me recosté en mi silla por un momento, tratando de calmarme. La presión era inmensa, pero me alimentaba. Era lo que me impulsaba a seguir adelante, a ser el mejor en todo lo que hacía. Sin embargo, la tensión entre Scarlet y yo no desaparecía. Mis pensamientos volvían una y otra vez a ella, a lo que sentí, los celos que me invadieron cuando la vi con Christian, el enojo que tenía cuando volvimos y lo excitado que estaba en ese momento mientras la tenía cerca y olía su perfume por todo el auto. Las ganas que tenía de mandar todo a la mierda, de besarla, de que gimiera mi nombre una y otra vez y se olvidara de una vez por todas de ese idiota.