Cuando Franco llegó al día siguiente pues había ido a bañarse a su casa y buscar unas cosas para Sky, Chiara ya estaba hablando con el médico y dándole unos papeles. Franco se apresuró cuando salió del ascensor y los vio. — Doctor espere, ¿cómo está mi mujer? — le preguntó sin aliento él. — El cuadro sigue igual, pero está estable... si quiere en un rato puede verla... ahora con su permiso, tengo más pacientes que ver... — dijo el doctor y miró a su hermana —. Gracias condesa, esto será de mucha utilidad...— murmuró agitando los papeles. — Cualquier cosa que necesite me llama, permaneceré unos días en Milán...— murmuró Chiara en respuesta. El médico la saludó con una inclinación de cabeza y ella hizo lo mismo. Y luego volteó a ver a se hermano. Endureció su mandíbula y se cruzó de br

