Se miraba en el espejo y podía ver perfectamente esa pequeña curva en su vientre. Con la ropa se podía disimular, pero con el camisón se notaría. La señora le había enviado una nota simple con una cita a tomar el té con la modista, no podía ni imaginar cuanto fastidio le habría causado comprometerse y entendía que ambas lo hacían por las apariencias. Tenía que ingeniárselas para no verse con poca ropa frente a ellas, quedaban dos semanas para la boda y tenía que salir de ese embrollo sin levantar sospechas. En la amplia boutique habían vestidos ya elaborados únicos en forma y estilo, también otras opciones para elaborar, pero ella insistió mucho en que no quedaba casi tiempo y que elegiría de los que habían en existencia. En la preciosa mesita de mármol las tres tomaban el

