capítulo 36

1879 Palabras

No hubo respuesta. No se veía luz entre el suelo y la puerta. Era imposible que se cambiara a oscuras. Abrió la puerta. Tampoco estaba allí. Simón tocó la campana. Muy fuerte. Entonces, salió al pasillo a esperar al sirviente que hubiera tenido la mala suerte de responder a su llamada. Fue una de las doncellas, una chica rubia y menuda cuyo nombre no recordaba. Lo miró a la cara y palideció. — ¿Dónde está mi mujer? —gritó. — ¿Su mujer, señor? —Sí —respondió él, impaciente—. Mi mujer. La chica lo miro sin decir nada. —Supongo que ya sabe de quién le hablo. Es más o menos de su altura, con el pelo largo y oscuro... —Él hubiera seguido, pero la cara tan horrorizada de la chica le hizo avergonzarse de su sarcasmo. Respiró hondo—. ¿Sabe dónde está? —preguntó, más calmado, aunque n

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