No había sol en el Paisaje Onírico. El cielo era azul brillante u oscuro. Ni siquiera las estrellas salían. Sin necesidad de comer ni beber, Mike pasaba la mayor parte del tiempo deambulando por su pequeña isla, aislando los silbidos furiosos de su madre muerta nadando en el océano. Se preguntaba qué pensaría el Dr. Gorman de eso. Al comienzo de la tercera semana, ya había tenido suficiente. La furiosa niebla madre empezaba a adquirir rasgos faciales, y él sabía que se derrumbaría si su aparición se hacía realidad. De pie en el borde de la isla, gritó al horizonte. -¡Está bien, hagamos un trato! —Te tardaste bastante. —Mike se giró y vio a Lily, sin alas ni cola, sentada en una tumbona tomando un refresco de frutas. Llevaba un bikini rojo y n***o, gafas de sol y un sombrero de ala ancha

