Propuesta ridícula. 2

4435 Palabras

Elena terminó la última confirmación de la reserva y revisó por tercera vez que todo estuviera perfecto; hora, mesa, requerimientos especiales y contacto directo con el maître. Cuando envió el correo final a Félix, soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo. — Listo. — murmuró para sí. El alivio le aflojó los hombros y, sin pensarlo demasiado, se dejó caer hacia atrás en la silla ejecutiva, desparramándose apenas, las piernas estirándose bajo el escritorio y la cabeza recargándose un segundo contra el respaldo. Había salido bien, muy bien, una pequeña sonrisa de satisfacción comenzaba a curvarle los labios cuando se quedó rígida, los ojos se le abrieron como platos, las cámaras. — ¡Madre santa! — susurró. De un respingo se enderezó como si la hubieran pinchado con electricidad,

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