—Jaciel debes ir a casa con tu esposa y tu hija, deja en paz a Anthony. La voz fuerte del gran señor De Anda resonaba con fuerza mientras veía a Jaciel con una mirada intimidante. —¡Abuelo! Gracias por todo ¿te acompaño a casa? —¡Claro que no mi pequeña! Ya es tarde debes quedarte aquí no vuelvas a tu departamento. Yo me iré con el chófer no te preocupes. —¡Me avisas cuando llegues a casa! Después de despedirse del abuelo Daniela y Anthony se quedaron en el jardín abrazados. —Terminaron las fiestas de mi madre, ya no tendrás que ver a tanta gente. —¿A no? Y la boda. —¡Cierto, solo en la boda y ya! Ven aquí debes estar muy cansada. La abrazó con fuerza sus manos acariciaban lentamente su espalda descubierta. Mientras en la puerta de salida los veía Jaciel pensando que él jamás la

