Max no pudo dormir. No cuando había cometido un asesinato. Porque eso es lo que fue, aunque haya sido en defensa de Sammy. Sabía que no podrían ir presos, pero con que la prensa llegara a saber que algo sucedió, él y Sammy estarían bajo el ojo del huracán, y eso arruinaría las vidas de ambos, aunque a la final resultaran siendo declarados inocentes o absueltos. Lo único que le alcanzó a decir su abogado, el Dr. Orejuela, fue que no intentara contactar a Sammy de ninguna manera en esas horas siguientes en que ocurrieron los hechos. Y ahí estaba Max, acurrucado en un mullido sofá de la sala, bebiéndose su quinta taza de té de manzanilla, a ver si así se le iban los nervios. El entrenamiento del día fue cancelado, tanto para el Lions como para el Real Manchester, por obvias razones.

