—Sí, tengo pensado irme de este país de mierda —responde Axel.
— ¿Vas hacer que todo por lo que habéis luchado sea en vano?
—Me voy de este país de mierda. Todo fue en vano, todo, las muertes, las torturas, sé que ha pasado muchísimo pero el país se encuentra lleno de imbéciles que han olvidado todo ¿Cómo puede avanzar una nación cuando sus ciudadanos se conforman con migajas? Decime Lía ¿Qué más puedo hacer de lo que he hecho? Le pregunto a mi abuelo, te pregunto a vos, le pregunto a Dios, ¿Sabéis algo? Los políticos no nos han engañado, nosotros así lo quisimos ¿Cómo puede ser posible? Que al decirle a los jóvenes sobre la tiranía silenciosa, estos solo muestren indiferencia, “El país se está arreglando” dicen… “Allá ustedes, los que salieron a protestar, los que aún lo hacen, los que escriben, los que viven preocupados, los que se quejan de todo, son unos pendejos” Que hijos de puta.
—No todos pueden pensar lo mismo, vos lo sabéis —dice Lía.
—El país se ha llenado de ineptos escrupulosos, de muchachos vividores, y jovencitas que abren las piernas por un par de jeans, de hombres horribles que satisfacen sus fantasías por tener dinero sucio, de ancianos que dicen “Usted jovencito no estuvo en esos años, así que no hable, yo sé de eso porque lo viví” y los muy hijos de su puta madre con su doble moral saliendo de su culo, se creen todo lo que los políticos dicen, tantos años que han vivido ¿Cómo carajos siguen creyendo en ignominiosas promesa políticas? Ahora se come por la vista, negarse a comer para tener una buena pinta de ropa, no importando si se tienen que acostar con un montón de viejos de mierda. En estos tiempos se exalta al malo de corazón, mientras el bueno es burlado, es lo que me dijo el comandante de la guardia cuando me pasaban electricidad por las plantas de mis pies, Tito José Urbano Melean, hasta se dignó de darme un consejo.
— ¿Qué te dijo? —pregunta Lía con suma tristeza
—Para ser querido, se tiene que tener una buena camioneta, y mucha plata… creo que el infeliz tiene razón.
Lía sabe muy bien cómo se siente su amigo, pero debe defender su posición, Lía no está de acuerdo con Axel con lo último que ha dicho.
—Recordá, hay muchas mujeres que prefieren vender café en un semáforo antes de abrir las piernas por dinero —. Termina diciendo con enojo
—Lo siento Lía, sabéis que no mido mis palabras, tengo que corregirlo, no está bien decir todo lo que se piensa —el muchacho hunde su rostro en sus brazos.