CAPITULO 3

908 Palabras
NARRADOR En aquella Hacienda a las afueras de la ciudad se encuentra Santiago. Quién es uno de los peones de aquella famosa hacienda llamada la escondida. Cómo todos los días Santiago se despierta temprano antes de las 6 de la mañana. Sale de la pequeña chosa en que vive y se dirige al baño . El vive con el cura del pueblo. Es la única persona que le ha dado afecto. - Buenos días padre. Le dice Santiago - Buen día hijo. Toma un poco de café antes de irte. Le dice el padre y le deja ala taza de café en la pequeña Meza de palos que tienen en la choza Santiago se pone sus botas y sale de su casa a destino a la hacienda. La cual le queda a unos cuantos minutos de camino. Al llegar a la hacienda. Santiago entra por la puerta trasera hay se encuentra Mariana la hija del capatas de la hacienda. Quién lleva enamorada de Santiago desde muy pequeña. Aún que Santiago la aprecia como a su hermana. Ella cree que los sentimientos de Santiago son diferentes. - El señor Dimonte te ha esperado. Quiere que pases a su recámara. Le dice Mariana. - Cuando acabes puedes venir a desayunar conmigo. Le dice de manera coqueta - Claro voy en seguida. Le contesta Santiago, quien sube rápido a la recámara de su patrón. Toca dos veces la puerta antes de entrar. - Adelante. Se escucha la voz de su patrón. El lleva enfermo más de 3 meses. Su salud día con día va en declive. Santiago Pasa y se para enfrente de el señor Dimonte. - Me mando a llamar señor. Le dice Santiago - Así es hijo. Sabes que eres en la única persona que confío. Lo sabes muy bien. Me gustaría que revises las reses que Juventino dijo que estaban enfermas. Le dice su jefe - Claro que sí señor. Las revisaré ahora mismo. Le contesta Santiago y se da la vuelta mara marcharse y realizar su trabajo. - Espera, Santiago. Le dice para que se detenga. - Dígame señor. Desea algo más. Le dice Santiago - ¿ Cuéntame ya te graduaste de la Universidad ? Le pregunto Dimonte - Si jefe. Hace unas semanas por fin pude graduarme. Le dice - Que bien. Me alegro por ti hijo. Le dice - Por favor manda hablar al cura. Necesito hablar con el. Santiago sale de la recámara del señor Dimonte. Se dirige al comedor para así poder desayunar con Mariana. Quién lo espera pacientemente. Santiago se sienta a desayunar con Mariana. Los dos tienen una buena charla por unos minutos, hasta que los dos se paran a sus labores. Santiago va a los establos y se pone a darle de comer a los animales. Se la pasa la mayor parte de la mañana, limpiando los establos. Esta por terminar con aquella labor y pasar a la otra. Cuando por fin acaba, toma sus herramientas y va a guardarlas. Saliendo de la bodega ve llegar una camioneta negra. La misma que llega todos los días. Sabe que la mujer del señor Dimonte ha llegado. Santiago corre lo más rápido para alcanzar a aquella hermosa mujer. - Señora el señor Dimonte no la podrá atender. Le dice Santiago - Como te atreves igualado. A decirme eso a mí. La futura heredera de todo esto. Si bien es sabido que Dimonte no tiene hijos. Ella es la supuesta heredera de todo. O al menos eso piensa ella. - El patrón, está con el cura Dionisio. Así que ahora mismo no lo puede atender. Aparte después de que se desocupe. Atenderá a su abogado. Le contesta Santiago. Aquella mujer al escuchar lo que le había dicho Santiago sintió un poco de Felicidad. Incredula piensa que Dimonte mando a llamar a su abogado y notario a cambiar su testamento a favor de ella. - Lo esperaré entonces. Dice ella victoriosa Santiago se aleja al ver qué ella ha cambiado de parecer. Camina en dirección a la hacienda. Ya que es hora de la comida. Por otro lado, al salir el notario y abogado de la habitación del señor Dimonte. Graciela aprovecha para entrar a ver a su amante. - Hola cariño. ¿ Cómo te encuentras ? Le pregunta ella de manera melosa a Dimonte - Déjate de hipocresías mujer. Le contesta molesto. El mejor que nadie sabe a lo que ella viene. Sabe muy bien que Graciela es peor que un ave de mal aguero. Esperando a que su presa este muerta para bajar a comérsela. Eso y más es Graciela. - Como te atreves a decir eso. Te he regalado los mejores años de mi vida. Le dice ella fingiendo indignades - Solo digo la verdad. No puedes venir a decirme eso. Le contesta Dimonte - Cariño. Acabo de ver qué ha venido tu notario. ¿ Has cambiado el testamento verdad ? Le pregunto ella - Así es. Pero no te emociones. Ni un solo peso de mi herencia pasará a tus manos. Le contesta Dimonte - eres un desgraciado infeliz. Te he dado mucho y con que me pagas con nada. Le grita Graciela. - Yo no te pedí nada. Le contesto Dimonte. Graciela se levanta furiosa y camina a la salida de la recámara. - Deseo que tú muerte sea lenta y dolorosa. Vas a morir solo. Cómo siempre has estado. Le dice y desaparece de la vista de Dimonte.
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