El lunes por la mañana, cuando llegó a su trabajo, Penélope no estaba segura de qué esperar por parte de Ashton. ¿Se mostraría frío y distante, tal y como había estado cuando ella se marchó de su casa dos días antes o sería el hombre que le había curado cuidadosamente la rodilla? Tal vez todos aquellos hombres eran facetas de su forma de ser. Cuando ella le habló del pasado, Ashton pareció preocupado por lo que ella le contaba. Sin embargo, en otros momentos, parecía completamente carente de sentimiento. Penelope paso el resto del domingo pensando en Ashton y en todo lo que el le hacia sentir. Abrió la puerta de su despacho y extendió la taza de café. –Vengo en son de paz–dijo. Entró en el despacho y dejó la taza sobre el escritorio –No tomo café. –Vaya, lo siento…–replicó ella. Lo s

