EPÍLOGO Virginia observó el cuerpo desnudo de Selene junto al suyo, se sentía tan bien y normal tenerla entre sus brazos, tanto que dolía. Dolía el daño que le había causado en el pasado, sus miedos, las llevaron por un camino con espinas. No podía llorar sobre la leche derramada. Las acciones del pasado eran un recordatorio de lo que no debía repetir. —¿Qué piensas? —Selene se movió entre sus brazos, sus ojos se encontraron y una sonrisa se extendió en los labios de la rubia. —En ti Selene, siempre en ti, te amo, amo cada momento que hemos compartido y lamento profundamente el dolor que te hice pasar, aunque me has perdonado, aún me atormenta saberme la causa de tus lágrimas, morena mía —acarició con las yemas de los dedos el rostro perfecto de la joven morocha. —Deja ir el
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