CAP, 20.

2244 Palabras
CLEO.  Hoy Malia ha ido a su primer casting y la han aprobado. Puf. Así. Rápido. Nadie se interesó por las otras personas, solo por ella que es hija de una miss.  A mi madre le habrían preguntado que si no tenía otra hija, para que la campaña fuera juntas y desde atrás, porque estaba cuidando a baby Malia, escuché como decía que nada que ver conmigo. Me negó. Me dijo inútil mi mami.  No sirvo para nada. A nadie le gusto. Nadie me quiere.  •ø• Estoy frente a la casa Culpepper/Bianchi y no paro de detallarla. Es sutil, lujosa, espaciosa, clásica y moderna. Siempre que entro, me llega la esencia peculiar de mis suegros, uniendo las rosas de Celine, con la loción masculina de Danilo y un toque de cítricos. Ahora mismo estoy observando con fijeza la pared de fotos, mis ojos se centran en un momento específico: la graduación de mi novio. Alexander tiene una toga negra y roja, acompañado con zapatos de goma, marca barbette y en ese momento pienso que es una de las pocas personas que se gradúa con zapatos de ese estilo. Sostiene su título con una gran sonrisa, sus ojos azules poniéndose chinos y con unas pequeñas arrugas a los lados. Iba afeitado, de manera perfecta y pareciendo un adolescente que se inyectó hormonas de crecimiento.  Al lado, hay una del abrazo que imagino le dio Eric al salir. Solamente con observar, te llena de sensaciones extrañas, puedes lograr notar el orgullo de su hermano y como unas lágrimas le cayeron, él iba con un traje oliva, totalmente entallado y hecho a la medida, ajustándosele en las partes adecuadas. Detrás, logras ver a Celine hecha un mar de lágrimas y sonriéndole a sus hijos. Danilo la apretaba y detallas como se sentía de completo en ese momento.  —Hermoso ¿verdad?—Escucho a mi suegra, la cual me citó hoy en su casa. Me extrañé porque ella supuestamente partía hoy a Italia, o algún lugar—Alexander se fajó tanto para obtener ese papel, que podríamos pasar todo el día recordándole cuan orgulloso estábamos. La carrera de Eric fue más fácil, y se graduó meses antes. Alec estaba perdiendo la paciencia, él ya trabajaba y seguir asistiendo a la universidad solamente para recibir su tesis, le parecía algo tan innecesario que llegué a creer, dejaría todo estando a cinco días, pero se presentó con un traje básico color vino y gomas blancas, sorprendiéndonos. Es inexplicable como me llené, cuando dijeron "Alexander Daniel Culpepper Bianchi" y pasó al estrado con una sonrisa en la cara—Sollozó—. Sin embargo, nada se compara a cuando salió y su hermano le dio un abrazo lleno de tantos reales sentimientos, puros Cleo. Estaban en el medio, pero creo que nadie se quitó, porque era algo realmente agradable de ver. También como susurraba "Sabía que lo lograrías, hermano".  Hay piezas en esta familia que me falta por llenar. Como la presión que le hicieron a sus hijos Cleo y Danilo cuando ninguno de ellos se graduó o llegó a pisar un college.  La muerte de Eric, siendo un joven sano y lleno de vida. Que a parte tenía un negocio a punto de llegar a la cima y una hermosa prometida rusa.  Algunos domingos en los que Alexander sencillamente se va.  No digo que estén metidos en algo extraño, o piense en asesinatos o algo por el estilo. Pero siento que por más de que Alexander me ama, no termina de ser un libro abierto.  Sé que si le pido a mi novio algunas explicaciones, sin mucha duda me las dará, porque eso me haría sentir cómoda. Pero si tengo que pedirlo, entonces ya no quiero nada. Yo tampoco le he hablado de algunos de mis traumas de pequeña y es porque siento que ya suficientemente hemos sufrido por mi pasado como para seguir trayéndolo al presente, arruinando un comprometedor futuro. Todavía hay tiempo para conocernos, una vida entera si somos más precisos; no hay porque llegar y atiborrar de información a tu pareja, son temas que con el tiempo surgen.  —Celine—Llamé después de que se calmó. Ella realmente no llora por tristeza cuando habla de su hijo, es como alguien que extraña pero que sabe, es mejor así—, ¿Para qué me llamaste? Deberías de estar dando vueltas por el mundo.  —No podía partir después de ver a mi nuera triste y molesta cuando debía estar celebrando.  —Es que...—Traté de excusarme pero no podía. Alexander está en algo raro que no está siendo precisamente agradable para nuestra relación. Ahora trabaja hasta la noche y suele ser distante, como si quisiera contarme algo que realmente no puede y nos termina ahogando en silencios incómodos.  —Adivino, crees que mi hijo te está siendo infiel—Como si fuera algo netamente normal, espeta. Le ordenó a la señora, que queríamos té de Jamaica con diez gotas de limón y un chorrito de miel.  —¿Y me culpas?—Me puse a la defensiva— , Últimamente trabaja más de lo normal, y me sorprende que vayas a defenderlo—La detuve cuando vi sus ganas de interrumpirme—, eres tú la que siempre habla de no priorizar el trabajo.  —Porque es un grave error hacerlo. La cadena hotelera de Alexander está subiendo en demasía, como te podrás dar cuenta, a la vez tiene una nueva joyería contigo. Mi pensamiento sigue recto, admito que no es fácil tratar de dividirse. Lleva ¿Cuánto? ¿Un mes así? Tú pasaste semanas conmigo dando giras y él nunca dudó de tu fidelidad, cariño—Removió el líquido caliente, con la cuchara dorada y después tomó un sorbo.  —Supongo que me tocará aceptar su adaptación—Tiré dos cubos de hielo en mi té rojo.  —Mira nuora—Sus ojos azules se clavaron en los míos—. Yo crié a Alexander como si mi vida se tratase de eso. Le enseñé de protocolo, claro, como vestirse, obvio. Pero, jamás me faltó o bueno, nos faltó, porque no fue un trabajo de uno solo, como tener una vida plena. Mi bebé podrá cometer errores, pensar mucho en los demás, confiar y atender a los que no son su problema, priorizar a los demás antes que él, no parar de hacer dinero para ser feliz a los sesenta sin mover un dedo. Pero eso si, ¡Jamás! Le sería infiel a nadie, porque al serlo contigo, se rompería él solito, por fallarle a sus ideales. No es perfecto y déjame decirte, eres un poco estúpida si lo has creído. Entre tanta perfección es donde empieza a notarse el error, y él como todos, los tiene, pero también tiene amor y hacia ti, es gigante. Puedo llegar a pensar, que él te quiere más que a mí, o a Violet o Truth, sus pequeñas bebés. Puedo dar fe a mi palabra y mantenerla siempre, de que él preferiría suicidarse, antes que unirse a todas las decepciones que tienes tú de la vida. Lo sabes, él quiere ser la diferencia en tu vida, darte el color que has perdido en años. Me lo ha dicho y creo que te lo ha demostrado. Dudar es normal, aunque no parezca, mi matrimonio no ha sido perfecto, pero si ideal. He sido como tú, una joven que ha puesto todas sus expectativas en un hombre y que de manera involuntaria, siempre está esperando que le fallen, para llegar a confirmar sus teorías de los hombres. Dime ¿has hablado con él? —No... —¿Entonces de que te quejas? Si tú misma ves como tu relación se va apagando, cuando no es así, y decides callarlo, no puedes pretender que algo cambie. El peor humano del ser humano, es callarse e implotar.  —Él también podría tener la iniciativa—Debato.  —No si cree que nada está pasando. Te lo digo porque me llamó esta mañana y me dijo que se sentía mas enamorado que nunca—Toma de su té y no sé porque siento que lo hizo para no hablar de más.  —Suocera, debo dejarte, tengo unos trabajos personalizados que cubrir y MarieLu quiere hacer el menú de la semana.  —Por supuesto, nuora—Me da un beso en la sien—. Deja de comerte el cerebro, pronto todo tendrá sentido. Te quiero.  —Yo a ti. ¿Danilo está en su despacho?—Asiente.  Caminar por estos pasillos es algo hermoso, hay marcos dorados y cuadros pintados por algún famoso, todos abstractos pero guiándose por lo pastel.  El despacho, queda abajo y al frente de la piscina que ahora está tapada. Justo cuando voy a tocar, un grito hace que me detenga.  —¡¿Los aceptaron?!— Un Danilo totalmente eufórico empieza a aplaudir y puedo jurar, escucho sus lágrimas y sollozos—. Te lo dije que lo conseguirían hijo. ¿Mañana? ¡Wow!—Ríe—. Menos mal que teníamos ese contacto, hizo todo en menos de un mes. Ah, claro, si ella dice que debes remodelar la terraza, la remodelas y la haces más acorde. Si, una sola visita y logró todo, me alegro, hijo. Por supuesto que mañana pasaremos por ahí a celebrar. Estoy orgulloso.  Como si fuera la señal que necesitase para investigar que carajo está pasando en mi vida, me llega un mensaje.  Alexander Culpepper.  *Amor, te tengo una súper sorpresa pero para ello saldré de la ciudad hasta mañana por la tarde máximo. Voy con E.  Te amo.  Y una mierda. Hoy mismo me entero que me está ocultando Alexander y si para eso debo quedar como una psicopata, revisándole todo, lo haré.  Al llegar a la casa, hice un extraño y rápido menú con MarieLu, diciéndole que necesitaba ingredientes que jamás habría en casa y haciendo que se fuera al mercado con su esposo.  Apresurando el paso me meto en la sala de cámaras y empiezo a buscar en el sistema, grabaciones de la semana. Siento como el corazón me llega al piso cuando veo a una mujer paseando por todo mi hogar. Tiene el cabello n***o azabache y lacio, piel trigeña y una figura esbelta. Lleva un vestido pegado, de tela fina, manga larga, y de color púrpura, tacones plateados. Pasea por todo el lugar, mientras tiene una carpeta en su mano y escanea todo. El micrófono parece que decidió ser totalmente inútil y por eso, no logro escuchar las conversaciones en los cuartos, pero si de despedida.  —Culpepper, este proceso no es fácil ni rápido, tomando en cuenta, a su vez, que no quieres que tu mujer sepa—Es indudablemente, italiana—. Sin embargo, me alegra decir que tienes tres cosas a tu favor. La primera, es el contacto directo de tus padres. La segunda, tú posición tanto con ellos como económica. Tercera, son los últimos, el lugar va a cerrar.  —¿Tenemos oportunidad? —Esta semana me pondré en contacto contigo. Tu tranquilo y déjame todo a mí, ya lo estoy haciendo bien y confío en que para esta semana, estará el veredicto. Las cosas las tienen tus padres ¿No? —Si.  —Bien. Te veo en estos días, recuerda no meter presión y eliminar esa terraza, lo digo en serio.  Mi novio asiente y no miente, al segundo le dice a William que la cierre. Mi mente ingenua que decide confiar en su hombre, dice que quizá Alexander se quiere mudar y decide indagar más, en su oficina. Cuando entro, la loción del amor de mi vida, inunda el lugar. Busco por todos lados, pero todo tiene contraseñas que mi cerebro no puede descifrar. Busco entre la montaña de papeles y consigo uno con sus letras y rayones.  Indiana.  Boston.  Chicago.  Samsara.  Milan.  Roma.  Savannah.  Grecia.  Broadway.  A mi mente viene el recuerdo de sus palabras.  —No sé, me gustaría que mis hijos lleven nombres de lugares, es único y especial. Creo que Roma es precioso y Broadway.  Ese mismo día me desmoroné delante de él, a sabiendas de que jamás podríamos crearlos y nos tocaría adaptarnos a los que ya traen los niños. Es por eso que la hoja tiene algunas arrugas, de nuestras lágrimas.  Haciendo caso omiso, busco en la parte de facturas y me freno en seco cuando noto que hay un gasto de tres millones de libras en ropa.  La forma de saber si tu marido te está siendo infiel, es cuando empieza a comprar sus atuendos. Pienso en un reportaje que alguna vez leí y estrello un puño contra la madera, mis nudillos rompiéndose en el impacto. Cuando acomodo todo, me fijo en que el gasto más extenso, es el de una joya. ¿Alexander me está montando los cachos? ¿Compra a la otra con cosas materiales? ¿Quién será? A mi cabeza no llega absolutamente nadie, más que la italiana maldita de apellido Tomaso, que desde la despidió, insiste en que él le devuelva su lugar, perdiendo toda su dignidad. Aunque no sé como podría hablar yo de tal cosa, si parece que mi novio se folla a otra, que a parte, metió en mi casa.  Confía, niña. No es el fin del mundo.  Para terminar el dolor de cabeza, me llega un puto mensaje.  Bruno White.  *Coco, déjame pedirte perdón en una cena. No puedo continuar sin eso.
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